Encíclica “Fratelli tutti”

Juan Luna

“El Papa del fin del mundo”, nuevamente sorprende al mundo con su tercera encíclica. “A la luz de la fe” (Lumen fidei, julio 2013)” se refiere a la fe desde la teología católica con motivo del Año de la Fe; “Alabado seas” (Laudato SI, mayo 2015), sobre El medio ambiente y el desarrollo sostenible, y, “Hermanos todos” (Fratelli tutti 2020) que habla de la fraternidad y amistad social y presentada al público el 04 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. Desde mi sana comprensión, el Papa pedagógicamente va revelando sus principios, valores y convicciones religiosas, sociales y políticas que lo posicionan como un verdadero líder mundial.

La esencia de la encíclica gira alrededor de la fraternidad universal no como ensueño, moda o un simple deseo, sino como proyecto de una verdadera cultura de relaciones entre las personas, pueblos y gobernantes, superando todo tipo de fronteras físicas y mentales y demostrando acciones que fortalezcan la armonía, la justicia, la paz y la fraternidad universal, que, como reconoce el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado “es perturbador porque está vinculado a nuevos conceptos que sustituyen la paz con los pacificadores, el desarrollo con los cooperantes, el respeto de los derechos con la atención a las necesidades del prójimo, pueblo o comunidad”.

La fundamentación teológica está en la categoría bíblica del amor fraterno que, supera todo tipo de pertenencia, inclusive la misma identidad personal, para para concretarse como advertencia y modelo de vida, según la parábola del Buen Samaritano que sigue preguntando: ¿qué se ha hecho por el prójimo? El sentido de la fraternidad supera la simple coexistencia y sentido común de “humanidad”, que inspira y sostiene normas y estructuras de convivencia efectiva, pero no un encuentro justo con el “otro”, acompañado de una disponibilidad de servicio para el bien de todos.

Esta tercera encíclica es muy extensa, escrita en un contexto de pandemia que ha generado dolor y muerte y ha demostrado que nadie se salva solo, así mismo, ha puesto en cuestión los modelos de vida económicos y políticos, a quienes el Papa cuestiona, precisamente, por su falta de fraternidad para enfrentar los problemas y asumir retos comunes con visión de conjunto y verdadera vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social y de plenitud que solo se alcanza en el amor responsable y corresponsable de donde surgirán los nuevos procesos de transformación ya como actores y no meros espectadores en la búsqueda de los valores que sugiere la fraternidad universal.

La fraternidad y a la amistad social de la encíclica son valores esenciales para devolver la esperanza, es un rayo de luz para el mundo entero, es fuerte y valiente en su llamado a afrontar el racismo, la discriminación, el odio que atentan a la sacralidad de la dignidad de la persona.