Ser humanos

Juan Luna

No es lo mismo hablar del ser humano como especie, que tiene que ver con la Antropología, que hablar del ser humano, como persona ética, de compromiso y de valores. En este sentido me ha impresionado la pregunta latente del capítulo segundo de la reciente encíclica del Papa, “Fratelli Tutti” ¿qué nos hace humanos? ¿qué opciones humanizan más y mejor? ¿cómo alcanzar una humanidad fraterna?

Con la capacidad de reflexión y de vivencia del líder eclesiástico, considera la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), relato ético y literario propuesto para responder a la pregunta ¿Quién es mi prójimo? En la sociedad de la época de Jesús, prójimo “es aquel que es más cercano, próximo, pertenece al grupo y a la raza”; en cambio el samaritano, era “despreciable, impuro, ajeno”, en este contexto, dice el Papa, “la propuesta del judío Jesús es contracultural: no nos invita a preguntarnos quiénes son los que están cerca de nosotros, sino a volvernos nosotros cercanos, prójimos”. En otras palabras, es salir en la búsqueda y al encuentro del otro.

La parábola nos presenta al protagonista “un extraño tirado en el camino” y se desarrolla en tres momentos:

1.Jesús cuenta que había un hombre herido, tirado en el camino, que había sido asaltado y luego abandonado.
2.Pasaron varios por el camino, pero no se detuvieron, fueron indiferentes, son funcionarios y religiosos en cuyo corazón no había el amor y caridad por el otro.
3.Llegó un tercero, “samaritano” que se detuvo, le regaló cercanía, lo curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él, se hizo prójimo del abandonado y silenciosamente clamaba ayuda.

El samaritano no se llena de sentimentalismo, sino es la expresión de compasión y acción “por aliviar el sufrimiento del otro y el riesgo de compartir su destino, “se compadece, se acerca, venda al herido, lo monta en su propia cabalgadura, lo lleva a la posada y lo cuida. El samaritano sin ser del grupo ni de sus creencias cumple con el prójimo, nos enseña a ser humanos y nos demuestra el verdadero significado de ser hermano.

Esta historia se repite hoy. Existen los asaltados, abandonados y desamparados por las estructuras de poder, por ambiciones personales y la mayor lacra, la envidia. Están las personas religiosas que por el hecho de creer en Dios y de adorarlo no garantiza vivir como a Dios le agrada. Y, finalmente el modelo del buen samaritano muestra que la vida es tiempo de encuentro y todos estamos llamados a volvernos un prójimo del otro.

Ser humanos, entonces, implica ser capaz de ponerse en los zapatos de los otros, ser solidario, compadecerse del sufrimiento de los demás, procurar la justicia, tolerar otras ideas, otras actitudes, otras costumbres, y ser misericordiosos.