Elecciones en el imperialismo

César Briceñoo T.

Gran expectativa produjo el proceso electoral de los Estados Unidos para definir al futuro presidente entre Donald Trump y Joe Biden; que finalmente concluyó, con el triunfo del segundo candidato cuyo binomio la integró una hija de emigrantes: Kamala Harris; siendo uno de los candidatos más votado en la historia norteamericana.

El proceso electoral es diferente al nuestro. Únicamente hubo dos candidatos que cualquiera de ellos debía ganar con 270 de los 538 votos de los estados federados; porque la votación no se da por sufragio universal. A diferencia de lo que ocurre en nuestro país, que tenemos 17 binomios presidenciales, provenientes de aproximadamente 300 partidos y agrupaciones políticas; que en el fondo es una gran farsa electorera; porque se manipula desde el CNE los destinos políticos del país; con el visto bueno de los empresarios, banqueros y políticos; que manipulan el destino de la nación. Su estrategia principal fue dividir al electorado por el caudillismo de turno o de la partidocracia criolla; para ganar los comicios con porcentajes irrisorios que no dan legitimidad a la representación deseada.

Desde la independencia de los EE.UU. a la fecha son 242 años, siendo el actual mandatario el número 46, que gobernará a este país con 331 millones de habitantes, con una sola constitución con 20 reformas. El contraste es abismal y visible como sucede en nuestro país con 17 millones de habitantes y 196 años de independencia política; hemos tenido 80 jefes de estado y 7 Juntas de gobierno, 20 Constituciones, un número igual de Asambleas Constituyentes; que no mismo hallamos el camino correcto para salir de este atolladero del subdesarrollo nacional.

La ciudadanía debe comprender que a los políticos criollo solamente quieren el poder, aunque sea corrompiéndose, para defender sus intereses y de quienes les auspician sus candidaturas sean de izquierda, derecha o del populismo; que por ellos no podemos salir del subdesarrollo. Deberíamos aprender algo de la experiencia norteamericana y no solamente echarle la culpa al “imperialismo” de nuestros males; a cuyo destino escogen los malhechores o comunistas ortodoxos jubilados.