La entereza de decir que no

Muchas veces nos enfrentamos a situaciones muy complicadas o simples en nuestro vivir diario, y nos vemos obligados a definir una postura o respuesta para tener una posición favorable o no, ante disyuntivas que nos plantea la vida. Sobre los más variados temas, sabiendo que de un sí, o un no, dependerán muchas cosas.

En ocasiones somos muy permisivos y nos dejamos llevar por la simpatía que le tenemos a una persona, y terminamos diciendo sí, a todo lo que involucre a esa persona, sin medir con cabeza fría las consecuencias que puede traer consigo nuestra respuesta. En el caso de algunos padres se da frecuentemente estas circunstancias cuando trasgreden el sentido de autoridad que deberían tener en todos sus actos y se ven notablemente influenciados por el gran cariño que sienten por un hijo y toman decisiones de las que luego se arrepienten por  equivocadas y apresuradas, en determinados momentos marcan la historia de innumerables familias, como esos padres que estando conscientes de la inexperiencia de su hijo para conducir le prestan el carro solo por complacerlo  y después de que pasan las tragedias lloran sin consuelo  y se arrepienten dolorosamente por no haberse negado al pedido de su vástago pensando que pudieron evitar una pena tan honda.

Estos casos también se dan en esferas de poder cuando muchos individuos hacen cosas reñidas con sus principios morales y éticos cegados por la ambición se resistieron a decir que no, y ahora sufren las consecuencias de sus actos. Por todo lo expuesto considero que es un verdadero don saber cuándo y cómo decir que no, ante propuestas indebidas que de ante mano sabemos no nos convienen, y sin embargo las aceptamos sin saber ni siquiera nosotros mismos porque lo hicimos.

En el mundo, se habrían evitado tantas cosas terribles con un simple no, oportuno y a tiempo. Pero llevados por muchos factores sentimentales unas veces, de intereses creados otras, decimos sí, cuando de verdad queremos y debemos decir que no.

Algunos dicen sí, a un tormentoso romance que después degenera en maltratos de todo tipo y no saben con seguridad porque dijeron que sí, debiendo decir que no, motivados tal vez por enormes expectativas, que al final nunca se cumplieron, y solo dejaron desencanto y sinsabor. Una mezcla de miedo, rencor, sed de venganza.

Por eso de ahora en más, meditemos muy bien nuestras futuras respuestas para que no nos causen daño. Sobre todo tengamos conciencia plena de que casi siempre los sentimientos no se equivocan, hagamos lo que ellos nos dicten, no les llevemos la contra, dejémonos guiar por la prodigiosa mano de Dios para tener la confianza de tener el mejor cómplice y compañero en nuestras aflicciones y laberintos por muy grandes que estos sean el jamás nos dejará abandonados y nos dotará de la suficiente entereza de decir un No cuando corresponda. Y un Sí cuando lo amerite. Si muchas personas hubiesen dicho que no, habríamos evadido las secuelas del triste caso sobornos 2012 2016, que hoy avergüenza a nuestro país ¿Verdad?