Sufragar con el cerebro y amar con el corazón

El Ecuador ha soportado en 14 años “una verdadera orgía de caníbales corruptos” y que ironía, frente y diametralmente al saqueo dantesco, Ecuador ocupa el segundo puesto de mayor desnutrición infantil de América, que contraste penoso.

Debe darse al Ecuador una identidad positiva y común, una imagen de propiedad, donde también los pobres y los indígenas, por siempre excluidos, estén presentes; para cristalizar este anhelo, el mandatario debería convertirse en un “Prometeo Humanista Ecuatoriano”, persona que se ofrece al servicio del ser humano, para precautelar su subsistencia y su vida; y debe ser el mandatario un “Mecenas Humanista Ecuatoriano” para proteger al ser humano, con prioridad, a los estamentos más desvalidos; a los niños desprotegidos, por la pobreza lacerante; a las familias del sector rural abandonadas, al campesino abandonado y marginado a su propia surte, a toda la población huérfana del Estado, y a la generalidad involucrada en el penoso, extenso y lacerante etcétera.

Los valores morales y éticos, la dignidad, honorabilidad y honradez, los quilates fehacientes de cultura y preparación intelectual, la solvencia y equidad de decisiones, sentimientos humanistas de solidaridad, el respeto incólume a la naturaleza, al ecosistema y a los elementos vitales del planeta y el Universo, son las características más elocuentes, que garantizan la calidad, excelencia, y promisoria calidad de un mandatario.

El país requiere vitalmente: la institucionalidad; la legitimación de procedimientos, decisiones y tramitología en la generalidad de ámbitos; la seguridad jurídica; una reforma especial de leyes, reglamentos, decretos y acuerdos legales; la inversión y planificación eficiente en salud, educación, cultura, producción agrícola, industrial y emprendimientos e innovaciones; la implementación de ocupación laboral, mediante fuentes de producción en sus variedades y conceptos; en lo político, el ejercicio de una verdadera democracia, la igualdad absoluta en derechos y libertades, para abolir la abismal brecha que relega y divide a la sociedad, que irreconciliablemente es la lacra de vergüenza de la humanidad.

Son de absoluta e impostergable realización: combatir y abolir la corrupción; evitar el gigantesco endeudamiento internacional; fomentar la producción; en el organigrama estructural del país, nombrar las “Autoridades de Control” con designaciones de especial profesionalismo y moral; y que se sustituya al poder legislativo de representantes a asambleístas, con un número máximo de 50 a 60 representantes, Congreso Nacional que debe funcionar con la modalidad “Bicameral”, Diputados y Senadores.(I).