¿Por qué es tan importante la COP26?

Desde el 31 de octubre y hasta el 12 del presente mes, se desarrolla, en Glasgow, Escocia, la cita climática mundial denominada COP26. Un evento que lleva el atraso de un año debido a la pandemia y es esperado, con mucha expectativa, por una gran parte de la humanidad consciente.

Antecedentes: La primera gran alerta se dio en 1992, Río de Janeiro, en la llamada Cumbre de la Tierra, que adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Un tratado donde las naciones acuerdan «estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera» para evitar la peligrosa interferencia de la actividad humana en el sistema climático. En la actualidad, el tratado cuenta con 197 signatarios, entre otros, Ecuador. Y desde 1994, la ONU reúne cada año a casi todos los países del mundo en cumbres mundiales sobre el clima, conocidas como las «COP», o «Conferencias de las Partes». Durante estos eventos se han tratado de establecer límites jurídicamente vinculantes a las emisiones de gases de efecto invernadero y definir un mecanismo de aplicación para evaluar el cumplimiento.

De estas reuniones destacan dos: el Protocolo de Kioto de 1997, que definió los límites de emisiones para las naciones desarrolladas que debían alcanzarse para 2012 (incumplido); y el Acuerdo de París, adoptado en 2015, en el que todos los países del mundo acordaron intensificar los esfuerzos para intentar limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles de la era preindustrial, e impulsar la financiación de la acción sobre el cambio climático. Resta decir que la mayoría de estas conferencias se ha caracterizado por las buenas intensiones y los muchos acuerdos incumplidos, particularmente por los países ricos que causan las mayores emisiones de gases invernadero y destruyen los grandes ecosistemas mundiales.

Siendo así, entonces ¿para qué una cita más, ésta tan promocionada COP26? La respuesta concreta es: Si París fijó la meta: limitar el calentamiento por debajo de los dos grados centígrados (idealmente 1,5ºC), Glasgow es la última oportunidad para hacerlo realidad.

Dicho en términos más explícitos la COP26 espera conseguir cuatro grandes objetivos: 1) Asegurar las cero emisiones en todo el mundo para mediados de siglo y mantener los 1,5 grados centígrados; 2) Lograr una mejor protección para las comunidades y los hábitats naturales: restaurando ecosistemas, construyendo sistemas de defensa y alerta, e infraestructuras resistentes; 3) Movilizar una financiación climática más efectiva, empezando por cubrir la oferta incumplida de las naciones ricas, desde la COP15, de canalizar 100.000 millones de dólares anuales a las naciones menos ricas antes de 2020 para ayudarles a adaptarse al cambio climático y a mitigar los nuevos incrementos de las temperaturas; y, 4) Trabajar juntos para conseguirlo: estableciendo colaboraciones entre los gobiernos, las empresas y la sociedad civil y, por supuesto, finalizar el Reglamento de París para que el Acuerdo sea plenamente operativo.

Antonio Guterres, titular de la ONU, en su discurso de apertura pidió una mayor decisión para reducir las emisiones globales en un 45% hasta 2030; un esfuerzo que debe ser liderado por los países desarrollados (los del G20 responden por el 80% de las emisiones). «Necesitamos el nivel máximo de ambición de todos los países y en todos los frentes para que Glasgow sea un éxito». ¡Qué sus palabras no caigan en el vacío, y en Glasgow se levante una sólo voz que nos active a todos para defender conscientemente la estabilidad de la vida en la madre Tierra!