La solución

David Rodríguez

Para retomar el sentido de la realidad lo primero que se debe hacer es desmontar el equipaje que creemos elemental para nuestras vidas. Para ello les propongo, a lo largo de un mes, dejar de hacer cosas que les supongan un esfuerzo.

En primer lugar, desaparece de las redes sociales. Tienes varias opciones para hacerlo: puedes cerrar tus cuentas de forma reversible sin perder ni un solo dato, desinstalar las aplicaciones de tus herramientas digitales sin cerrar las cuentas de manera definitiva. El tema es que no interactúes en las redes sociales por un mes y aunque es suficiente con tu fuerza de voluntad, recuerda que vas a tener a mano la tentación. Puede que te pierdas algún chisme, algo de posverdad; puede que tampoco estés demasiado actualizado en las cosas “maravillosas” de Instagram, sin embargo, debes de estar tranquilo ya que de la información importante siempre se entera uno, además, tus seres queridos seguirán ahí para ti en la tercera dimensión del plano físico.

En segundo lugar, limita tus conexiones a internet. Los teléfonos inteligentes no son ventanas al mundo, son aparatos que rentabilizan tu atención. Desde que lo enciendes te dedicas a beber de la teta de la tecnología, y, en definitiva, a desaparecer en la masa. Por eso te recomiendo que apliques alguno de estos consejos: puedes usar un viejo celular con tu tarjeta SIM, puedes desactivar todos los G de todos los utensilios digitales, decirle a tu operadora que quieres una baja en tu servicio de datos, desinstalar las aplicaciones y las cosas innecesarias; si no es una opción recuerda que puedes hacer una copia de seguridad, también te recomiendo que le pongas un temporizador al wifi y añade un fondo de pantalla que te recuerde que no los uses demasiado, desactiva las notificaciones y utiliza el modo avión sin complejos; no lleves el cargador contigo deja que se  acaba la batería y educa a tus seres queridos, hazles ver que aunque no contestes a sus llamadas inmediatamente estás igual de vivo como lo estarías sin celular en los 90’s. Por último, recupera el reloj de pulsera, cuando lo mires no vas a encontrar llamadas perdidas, ni mensajes, ni nada que se enganche a tu tiempo.

En tercer lugar, te propongo una dieta hipoinformativa. La actual sobreexposición a los medios no te hace ningún bien. El bombardeo al que estamos expuestos dibuja el derecho a estar informado como una virtud cultural cuando en realidad se trata de una lenta intoxicación ¿no estás de acuerdo? Mira, de qué sirve estar al tanto de todos los horrores, si la sobreexposición elimino nuestra empatía y nuestra capacidad de reacción; de qué sirve estar al día de lo político, si la frustración constante nos impide hacer algo al respecto; de qué sirve conocer los detalles de las cosas que no pudimos prever, de las cosas que no podremos orientar a un cambio o de sucesos que se dan por motivos que ni la prensa llega a entender en profundidad; pues todo esto sirve para desgastar, mirar despistar y polemizar para convertirnos en maestros del mucho abarco y poco entiendo, y forjar una sólida ilusión de la opinión. Por eso te recomiendo que durante este mes te alejes de todo para ver con perspectiva y aprender a informarte de manera útil, activa y consciente, haciendo preguntas correctas y preguntando el para qué y él ahora que te llevará de la mano al siguiente punto, así retomarás el sentido de la realidad.