La verdad detrás de lo que llamamos felicidad

David Rodríguez Vivanco

Si observamos la felicidad desde un concepto estrictamente científico, nos vamos a dar cuenta que se encuentra regida principalmente por la serotonina, una hormona que relaja nuestras neuronas. Su producción responde de forma lenta a la suma de las acciones que conforman nuestras formas de vida. Por ejemplo: la calidad de la alimentación, la práctica de ejercicio; la cantidad y calidad de la sociabilidad, de la exposición al aire libre y del sol como factores principales.

Ojo, la sensación de felicidad no genera adicción, solamente se llega a la adicción a través del placer.

Cuando nos cargamos de serotonina sentimos bienestar, autoestima, relajación. Estamos concentrados, satisfechos y nos sentimos altruistas. Por eso nos sorprende que la felicidad se genere al sentirnos queridos, útiles y valorados; por el contrario, cuando nuestros niveles van descendiendo nos asomamos al abismo de la depresión.

Para producir serotonina el cuerpo necesita una sustancia llamada triptófano. Un aminoácido esencial que el cuerpo no lo produce y que necesita incorporarlo a través de la alimentación. Basta con una alimentación sana y equilibrada para garantizar su formación. Sin embargo, con el conocimiento previo señalado, las farmacéuticas no tardaron en vender suplementos de triptófano, dando por hecho, sin evidencias científicas, que cuanto más lo consumas más feliz eres. La verdad es que resulta paradójico que su presentación como panacea de la felicidad, intenta satisfacer una nueva necesidad al uso de la vieja mecánica del placer.

Las agencias de publicidad y los vendedores aprovechan y potencian la confusión entre placer y felicidad. Intentan vender un escenario donde el estatus y la emoción de poseer es el fin de todos nuestros anhelos. Sin embargo, cuando entendemos la diferencia entre felicidad y placer, sabemos que ese celular nuevo, esa camisa o ese auto “espectacular” se caen rápidamente del pedestal del deseo al suelo de lo obsoleto. De forma que el materialismo no da la felicidad, al igual que el instrumento del materialismo, el dinero.

La química del cerebro es compleja y se puede debatir sobre la implicación de sus mecanismos hormonales. Podríamos ampliar el debate a las endorfinas o la oxitocina, podríamos analizar si una visión tan mecánica de nuestras emociones nos hace libres, sí nuestras reacciones están condicionadas, si con la pasión y el amor sucede lo mismo que con el placer y la felicidad, o si esta última tiene algún componente espiritual. Lamento intuir que no es el momento y por delante aún queda la fórmula de la felicidad.  

Podría establecer un decálogo de los pasos a seguir para alcanzar la felicidad, basándome en un breve manual arrancado de la mecánica cerebral y los avances científicos de la psicología clínica:

1. Exponte a la luz.

2. Aliméntate de manera sana y equilibrada.

3. Contacto físico.

4. Practica algún deporte.

5. No busques la felicidad a través del placer.

6. Orienta tu vida profesional, familiar y social.

7. Se generoso.

8. Regala o regálate cosa.

9. Intenta vivir en el presente.

10. Medita

Estos puntos se revelan como elementos útiles y su análisis invita a entender la felicidad como plenitud que viene de lleno frente al vacío del abismo de la tristeza y la depresión.