La memoria semántica en el proceso de la educación

Galo Guerrero-Jiménez

La educación escolarizada, y en especial la educación primaria, se ha visto forzada a brindar asistencialismo antes que enseñanza, dadas las profundas desigualdades sociales de cada uno de los niños que asisten a la escuela, asimismo con niveles culturales muy dispares que la educación formal trata de remediar lo que los padres de familia no han sido capaces de llevar a cabo en el seno familiar. Y a esta casi nula formación cultural y cívica de nuestra niñez y juventud ecuatorianas se suma la falta de formación adecuada e íntegra que no han podido alcanzar un gran porcentaje de profesores de nuestro magisterio nacional.

En estas condiciones, como todos sabemos, se lleva a cabo la educación formal del Ecuador, claro está, haciendo todos los esfuerzos posibles, a veces de forma aislada y con un enorme sacrificio personal por parte de los maestros y de los padres de familia, y a veces con la tibia o decidida ayuda que los gobiernos de turno han podido brindar a la endeble educación de nuestro país. Y así, “después de tantas polémicas, tantas experiencias, enfrentamientos, reflexiones, vale la pena conocer las nuevas miradas sobre el aprendizaje y la enseñanza de la lectura y la escritura, que despuntan nuevas esperanzas. Justamente ahora, cuando la cultura gráfica le abre paso a la cultura electrónica y se generan tantos interrogantes e incertidumbre como cuando se produjo el tránsito de la cultura oral a la cultura escrita” (Braslavsky, 2013); y, hoy, con el impacto de la pandemia que nos obligó a buscar nuevas estrategias, como la de empoderarse de la información virtual y tecnológica para que la educación sea la más adecuada, pertinente y adaptada a las necesidades de la contemporaneidad.

La educación en general tiene su base esencial en la lectura y en la escritura. Es aquí donde debe ponerse la atención psico-antropológico-pedagógico-filosófica necesaria para que todas las disciplinas humanísticas y científicas que el niño y el joven tratan de aprender, tengan la suficiente validez axiológica. No se trata solo de aprender mecánica y memorísticamente los signos del sistema alfabético que hacen referencia al nivel fonético de la lengua, ni al modelo gráfico de la palabra hablada, sino de pensar reflexiva y críticamente en que los elementos mentales y visuales de la palabra nos llevan a la concepción plena de una adecuada memoria semántica a través del vocabulario que interiormente vamos adquiriendo en el seno familiar y en la educación escolarizada mientras hablamos, escuchamos, leemos y escribimos formalmente hasta lograr, día tras día, un léxico personal, “que es la parte de la memoria especializada en el tratamiento de las palabras; por tanto, es el ‘diccionario mental’” (Jamet, 2006) que nos permite orientarnos y, sobre todo, que nos posibilita una adecuada comunicación con nuestros semejantes a nivel familiar, educativo, cultural, social y profesionalmente. Por eso, en todos los niveles en los que el ser humano se desenvuelve, “uno de los aspectos fundamentales de la lectura consiste evidentemente en extraer sentido de las palabras con que se tiene contacto. Esta puesta a disposición del sentido de los términos se efectúa en el seno de la memoria semántica” (Jamet, 2006).

Por esta razón, Jamet sostiene que “los ‘primeros estadíos’ de la lectura tienen como objetivo identificar la palabra en el léxico mental. Esa identificación se ve influida positivamente por la frecuencia de esa palabra en la lengua (…). La identificación léxica se realiza por dos vías: una ortográfica y otra fonológica” (2006). Pues, la escritura tiene propósitos y significados que solo pueden ser develados en la lectura cuando logramos interiorizar el sentido que el sistema alfabético tiene a través de los signos gráficos que son los que nos enseñan a “captar todos los matices de la prosodia como el tono, las pausas, la admiración, la interrogación, la sorpresa, las vacilaciones, la alegría, el horror, la angustia” (Braslavsky, 2013) y otros elementos que nuestra condición anímico-emocional procrea y que, gráficamente, pueden ser representados en la escritura e interpretados en la lectura.