La ciencia del miedo

David Rodríguez

Del futuro podemos traer miedos cortoplacistas como el temor a una cita de cualquier tipo. Sin embargo, los miedos que nos interesan, los peligrosos, son los de la maquinaria pesada; los que pueden terminar convirtiéndose en ocupantes de nuestros pensamientos, como, por ejemplo: el miedo al fracaso, al rechazo, al compromiso, a la soledad, al abandono, a perder bienes materiales, a la incertidumbre, a la muerte o directamente al futuro. En definitiva, es ese compañero de viaje con el que no quieres hablar y no sabes cómo hacer que se calle, pero si intentamos comprender de qué se alimenta podríamos procesar y racionalizar esos miedos. Para ello, hay muchas técnicas gracias a los muchos doctorandos y las muchas tesis de cientos de autores, miles de artículos. En definitiva, hay mucha más gente queriendo acuñar que queriendo sintetizar.

Tal vez pueda indicar una serie de técnicas y mecanismos para domesticar las sombras de ese tipo de miedos que nos acechan o bien en el campo de batalla o bien desde el futuro.

Por un lado, se puede acudir a unos métodos para cuando se está en plena batalla porque el miedo ya es presente y rivaliza. Por eso, el primer método que puedo indicar es uno de los más potentes ya que sirve para vencer o erradicar a los pensamientos negativos que limitan y roban la sal de la vida y del aprendizaje. La clave está en los pensamientos positivos y recuerdos agradables que colocan una capa protectora en la mente como ayuda ante los pensamientos oscuros que roban la energía vital. Para evocar estos pensamientos es necesario preguntarse: ¿qué es lo peor que puede pasar?, estas palabras invitan a racionalizar y procesar, a pasar por el filtro de la razón, a redibujar el monstruo sin tanto diente y tanta garra. Es una frase de 7 palabras que convierte al dragón en un conejo y que se encuentra al alcance de todos. Cada vez que las digas se te escapará una sonrisa mientras ves la transformación del adversario.

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Es una pregunta de poder capaz de cambiar escenarios, capaz de transformar la oscura y andrajosa ventana y comunidad, es esa metamorfosis que nos hace valientes. Pero como en toda pelea, a veces nos puede dar un contra. Podría ser que tras lanzar la pregunta veamos que lo peor que podía pasar es algo verdaderamente malo, aunque en la mayoría de los casos son sólo distorsiones de nuestra parte dramática y fatalista.

En el caso de que llegue a pasar algo verdaderamente malo, más allá de la hipérbole, la distorsión del crecimiento tumoral del pensamiento enquistado. También se podría desarmar al pensamiento por medio de las probabilidades, una de ellas es que la gran mayoría de las cosas que nos preocupan o que nos dan miedo jamás ocurrirán, un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania constata que el 91% de las preocupaciones de las personas no se hacen realidad. Lo que proporciona un hecho poderoso.

Si aún aprendidos estos dos métodos te encuentras en la situación de pensar en situaciones reales tales como la muerte de un familiar, de una enfermedad o de una quiebra inminente te dejaré este último método que no te resolverá el problema y no te convertirá al monstruo en un unicornio que vomite arcoíris, pero si servirá para transformarte.

A las personas con estos pensamientos les hace falta un segundo de paz mental. Si buscas esa paz serás un alivio para ti y para los que te rodean. La forma de lograrlo es teniendo un segundo de retrospectiva, viendo todos los aspectos sobre los que sí se tiene capacidad de acción. No hay nada más transformador que proyectar nuestros logros por medio del amor propio, y tras haber alcanzado la iluminación veremos que esos miedos reales son oportunidades de cambio ya que abren nuevos caminos o nos enfrentan filosóficamente a nuevas realidades, cuestiones que siempre hemos preferido no mirar ni con el rabillo del ojo.