El baúl de los recuerdos: Aquellas voces lojanas

Efraín Borrero E.

Mi amigo Augusto Ramón me hizo escuchar la hermosa interpretación del pasillo Alma Lojana por parte de la señora Petronila Burneo Arias, familiarmente llamada “Petito”.  Como intercambiando tesoros le hice oír la versión de Eugenio y Benjamín Ortega Jaramillo, que con legítima pasión evocaron el recuerdo de su ilustre padre a través de ese pasillo.

Le dije que, en mi juventud, disfruté la maravillosa voz de Petito, tanto como solista y en dúo con su hermana Carmen, y que ella “sentó huellas indelebles de calidad musical”. Su excepcional voz estaba acompañada de la expresión y belleza de sus movimientos.

Recuerdo que en cierta ocasión compartieron escenario con Isabel Arias Burneo, a quien cariñosamente llamamos “Chaviquita”, espiritual y singular soprano, acompañada al piano por el virtuoso Francisco Rodas Bustamante. Qué velada aquella, una maravilla.

El tema dio pábulo para conversar de otros grandes y distinguidos cantantes lojanos de la década del 60, que es la que recuerdo vivamente.

El escenario de esas y muchas otras presentaciones artísticas fue el Teatro Universitario Bolívar, una edificación patrimonial cuya construcción a base de adobe y tapia, con estilo clásico, se inició a principio del siglo XX. Constituye una de las edificaciones más importantes del centro histórico de Loja. Los cantantes eran distinguidos hombres y mujeres de nuestro medio profesional y social que, con sus interpretaciones, eventualmente brindaban su colaboración en la realización de ciertos actos culturales y artísticos. Sus presentaciones eran muy sobrias.

Había canciones lojanas en demasía para cantarlas, especialmente pasillos que eran los más solicitados. «Loja es la provincia donde se ha producido y sigue produciéndose la mayor cantidad de música del país, pero no solo en cantidad sino en calidad, y desde luego entre ella, hay prioridad por el pasillo», dice Alejandro Pro Meneses.

Se afirma – y efectivamente lo sentimos -, que el pasillo lojano tiene su propia alma, que básicamente se relaciona con los textos literarios y la poesía. Esa característica le confiere la calidad de en un canto poético. Por eso el pasillo lojano es muy sentimental y expresivo ya que en sus letras aflora el alma de los compositores que escribieron tan bellos y tiernos versos; y, en su música, la cadencia armoniosa y sublime de hombres y mujeres que cultivaron con amor y devoción tan bello arte.

Cuando el Trío Los Brillantes se presentó por primera vez en nuestra ciudad, hace muchos años, la bella Olguita Gutiérrez, integrante y primera voz, se inclinó reverente ante la majestuosidad del culto artístico de Loja, y expresó que le gustaría tener el sentimiento lojano para interpretar el pasillo como debe ser. Los aplausos del público abrazaron emocionadamente a la artista.

No cabe duda: somos hijos del tiempo. En aquella época la juventud disfrutábamos al escuchar pasillos, vals y boleros, en gran medida inducidos por el gusto musical de nuestros padres; a eso se debe que acudíamos al Teatro Universitario Bolívar cada vez que conocíamos la presentación de nuestros connotados artistas.

Allí estuvimos para escuchar al dúo integrado por Germán Castillo Celi y Juan Cueva Serrano, que se lucían cantando el pasillo “Amargos Resabios”. Al dúo conformado por Carlos Marcelo Burneo y Ulbia Garcés Luzuriaga, que obtuvieron el primer premio en el Festival de la “Lira y la Pluma Lojanas”. A los famosos “Chazos Montesinos”, dúo de los hermanos Juan y Bolívar Montesinos Valdivieso, que se hicieron acreedores a varios trofeos y preseas, y que cuando interpretaban “La Oración del Olvido” arrebatan del público estruendosos aplausos.

Cómo olvidar al dúo conformado por Fidel Veintimilla Palacios y Luis Sánchez Moreno cantando Madrigal de Seda, cuyas presentaciones siempre fueron aclamadas con verdadero delirio. A los dúos integrados por Marina Carrión Armijos y Carmita Jaramillo Cevallos; Eduardo Ruiz Luna y Adriano López Mejía, Rosario Piedra y Martha García de Valdivieso; Marco y Miguel Ángel Vélez Valdivieso, y, María Piedad y Mélida Victoria Castillo Celi.

A esas voces se sumaron las de Gonzalo Erazo Ledesma, Leopoldo Palacios Román, Guillermo Íñiguez Encalada, Marco Placencia, Guillermo Veintimilla Palacios, a quien llamaban “El Gardel Lojano”; Ángel Encalada Zambrano, que nos hacía vibrar el sentimiento cantando “Vaso de Lágrimas”; Francisco Piedra Vélez, destacado concertista y cantante de ópera; Gonzalo Peláez Valverde y Francisco Costa Maldonado.

Reconociendo que mi memoria tiene limitaciones y que involuntariamente puedo omitir nombres de distinguidos artistas, no puedo dejar de mencionar en esta breve narración a prestigiosos tríos de la época, como el “Trio Madrigal” integrado por Marco Tulio Idrobo, Dans Dagoberto Vilela y Rodrigo Galarza Jaramillo; y, al “Trío Supremo” conformado por Lizandro Cabrera Samaniego, Víctor González Cabrera y Galo Villacrés Sánchez

A finales de esa década comenzaron a despuntar Benjamín Ortega Jaramillo, Trosky Guerrero Carrión, Tulio Bustos Cordero, Ligia Erraez, Carlos Francisco Loaiza Polo, Enriqueta Moreno Tandazo, el dúo de César Valladares y Alejandro Guerrero; y, Sonia Espinosa Vélez, quien años más tarde fuera candidata al premio “Eugenio Espejo”.

Aquellas voces magistrales, y muchas otras, sumadas a la pléyade de insignes compositores y ejecutantes instrumentistas, le han conferido a Loja una marca de connotación y prestigio en el arte musical, que es el que orgullosamente ostentamos: ser la capital musical del Ecuador.

Le dije a Augusto que, para tener idea de la riqueza artística de la provincia de Loja a lo largo de la historia, es de obligatoria lectura el «estudio monográfico más significativo que se haya publicado en Loja», de Rogelio Jaramillo Ruiz: “Loja Cuna de Artistas”, al que he citado varias veces. Este voluminoso libro, que contiene el esfuerzo investigativo de algunos años, nos da la certeza que en ninguna provincia del Ecuador se ha cultivado el arte musical, en cantidad y calidad, como en Loja.  

Augusto me comentó con singular entusiasmo que el Cabildo Lojano ha aprobado la Ordenanza Municipal que declara el mes de marzo de cada año como el “Mes de la Música Lojana” en honor al gran compositor y genio, Salvador Bustamante Celi, a fin de que, en los diferentes escenarios, espacios públicos, parques y plazas que dispone la ciudad y que se encuentran a cargo del I. Municipio de Loja, se promueva y difunda exclusivamente las grandes obras de compositores y autores lojanos.

Reaccioné con entusiasmo y le expresé que, al tiempo de valorar la decisión municipal estoy seguro que esa sería la oportunidad para resaltar el arte musical lojano, pero que para lograr el éxito de tal declaratoria es necesario actuar con sentido de inmediatez, pasión y amor por nuestra querida tierra.