Sabiduría para todos

P. Milko René Torres Ordóñez

Deseo continuar mi reflexión en torno a un tema muy actual, y, a la vez, muy complejo: La sabiduría bíblica. Para ello, parto de un criterio muy valioso: Desde la óptica del discípulo, la sabiduría se caracteriza por su vitalidad, dinamismo y fecundidad; desde la óptica del necio, en cambio, la misma sabiduría se convierte en algo inerte y estéril, que en lugar de inspirar cercanía provoca rechazo (Calduch-Benages, 2018).

La vigencia de la sabiduría, por lo tanto, es fecunda y cercana. En nuestro tiempo parece que este atributo propio del ser humano se ha vuelto extraño y lejano. El necio, el hombre que cierra la mirada de su horizonte hacia un panorama infinito, rechaza el contacto con lo valioso que engloba lo trascendente. La Palabra de Dios es sabiduría porque nos lleva a beber de la fuente de agua viva que satisface nuestra sed de amor trinitario. El Evangelio, Jesús, entrega la plenitud de la revelación. El Verbo hecho carne no solamente bajó del cielo para habitar con nosotros, sino que iluminó el mundo con la luz que se contrapone a las tinieblas que han pretendido gobernarlo. El libro de la Sabiduría (18, 6-8), propuesto para este domingo, presenta un paradigma salvífico en clave de memorial del pueblo de Dios. La Pascua vivida por el pueblo de Israel es el paso de Dios en la noche para amanecer con un halo de libertad. Solamente en Dios encontramos la esperanza puesto que en su corazón está el origen de la luz. La fe, propia del Nuevo Testamento, enseña el autor de Hebreos, significa no quedarnos en pasado, sino abrirnos hacia el futuro. En la pedagogía de Jesús, según san Lucas, encontramos su invitación a vivir en la sabiduría de la vigilancia: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. El autor sagrado escribe estas palabras desde una realidad en salida: una visión del contexto socioeconómico que vivían los primeros cristianos en lugares fuera de Israel, en Éfeso y Corinto. Un entorno determinado por una fuerte división de clases. El dicho del tesoro y el corazón es una forma de sabiduría popular muy ancestral. La vigilancia es una cuestión de supervivencia porque va más allá de la preocupación acerca del final de los tiempos, como un signo de alerta frente a las diversas formas de esclavitud que nacen del poder y de las riquezas. La sabiduría que nos impulsa a cuidar nuestra casa común, nuestro presente y también nuestro futuro. La enseñanza de Jesús exige buscar y encontrar otros comportamientos. Potenciarlos con mayor grado de solidez, basados en la vigilancia y en la fidelidad. No debemos olvidar que estamos en las manos de Dios. Una sabiduría para todos, llamada universal, supone, además, mucha responsabilidad con lo que recibimos y con lo que tenemos. El mensaje de Jesús que recoge el médico griego, probablemente de varias fuentes, a las que algunos biblistas latinoamericanos la llaman la comunidad de Lucas, llega con toda la pertinencia que cuestiona un estilo de vida tan singular en  este tiempo: el secularismo.