Las ruinas del futuro

Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

Los ríos: cual genios salvajes, que van esculpiendo el planeta, con caprichos inusitados, convirtiéndose en genios escultores de origen.

Los vientos: desencadenados, huracanados y rugientes, exhalados por los exuberantes pulmones de los eternos nevados, van inclinando las copas de los robles milenarios, que circunspectos reverencian al dios Zeus o Júpiter, deidades atmosféricas, que en los locos desvaríos y decrépitas vigías, expande su hegemónico poder.

Los volcanes: aterradores, calcinantes y devastadores tronos fatídicos del dios Vulcano, que con furor reprimido, a porfía, escupen fuego y lava y con vitalidad iracunda, estremecen con estertores moribundos, hasta lograr la extenuación de los confines más recónditos de la tierra, fraguas prehistóricas que jamás cesarán en su apocalíptica misión.

Los mares: profundos, anecdóticos y enigmáticos, en cuyas inmemorables entrañas, reposa exhausta la historia de la humanidad; olas enfurecidas, ciclones y tsunamis devastadores, con instintos de exterminación, que arrasan sin piedad la belleza prístina de la naturaleza, iluminados por el resplandor fulminante de los rayos fugaces, que retumban en el infinito, cual repudio y rebelión, iracundo rechazo a la ingratitud demencial.

Los elementos naturales vitales, congénitos y constitutivos de la existencia, fuentes esenciales de vida de los seres en el cosmos; como génesis y cuna de la humanidad; alfa y omega como principio y fin del universo; se ha revelado con ironía, ante el consuetudinario abuso e indolencia del género humano, y una réplica desesperada y moribunda, eríjanse en los vigías sin relevo de la integridad del paraíso terrenal que nos ha brindado, como morada señorial para cuna de la humanidad, y que con violencia e irrespeto proseguiremos agrediéndolo.