Un largo atrevimiento

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Todo empezó en la adolescencia, cuando algo despertó en mi interior, una implosión que transformaba continuamente todo lo que encontraba a su paso.  Empecé a experimentar con “sentir”. 

Entonces nació sin pretexto alguno, era un deseo polimorfo, que no entendía, era una búsqueda constante, pero, distinta a aquello que estamos acostumbrados humanamente.  Pues, quién no sabe que lo emocional pesa.  Pero, esto de sentir dando forma y significado es totalmente diferente.

Con el tiempo acumulándose en la edad, me descubrí una experta en sentir, esto significa que no es tan importante lo que el pensamiento diga, cuanto, lo que se siente. Desde esta mirada, la imaginación queda corta. El proceso de creación y manifestación es posible solamente si se siente.

Como experta en sensaciones, escribo poesía desde esos mismos años en que empecé a sentir con sentido. Hoy, apoyada en conocimiento científico y recurso interno, sentir es mi especialidad.  Lo utilizo para vivir de mejor forma, como modo de expresión artística, como forma de comunicación, como expresión humana y, sobre todo, como creación de todo lo que pueda imaginar. 

Recientemente, me propusieron un proyecto interesante, el cual no terminaba de convencerme por algunas malas experiencias.  Sin embargo, estaba buscando en mi sentir, quería sentirlo, quería que vibre en cada célula de mi organismo. Así como otros proyectos lo han hecho en el fondo de mis moléculas.  Estuve a punto de abandonar, pues, venía buscando reconciliarme con éste y no encontraba respuesta. Presentía la manipulación de agentes externos, la idea preconcebida de alejarme de mi profesión, porque claro, es más satisfactorio para mis detractores alejarme, lo más distante posible de lo que soy, dejarme empequeñecida —cuanto más pequeña, mejor—.  Pues, no les agrada que pueda ser una profesional de buen nivel, capaz de dar ideas que transformen la realidad.

Por eso, sentir es esencial para vivir, porque es como un catalizador que aumenta la velocidad de las reacciones, que me permite ensanchar conciencia, ver y escuchar más allá de los sentidos y, sobre todo, me permite descubrir las intenciones externas. Volviendo al proyecto, ha sido satisfactorio sentirlo, ahora, más allá de los intereses mezquinos de otros.

Sin embargo, en todo este proceso, este largo atrevimiento de sentir, me ha otorgado dones únicos, poderosos, imposibles para otros.  Entonces, por oposición y antítesis, en lugar de empequeñecerme me han empoderado, y estoy tan agradecida con la vida, con mis opositores maestros, pues, queriendo hacerme mal, me propiciaron el mayor de los bienes que un ser humano puede aspirar en esta experiencia vital.     Atreverse a sentir es la clave.