2023: hacia un cambio rotundo, definivo…

Numa P. Maldonado A.

Es hora ya que la humanidad más madura (no la “más apta” que ha vivido de la “menos apta” y de la irracional explotación de la “madre tierra” y de otros perversos actos, siga dominando campantemente este mundo injusto, desigual y violento), no sólo vislumbre el cambio, sino que lo haga efectivo y difunda con la fuerza de la razón y sensatez. Qué todos vayamos con un nuevo chip en nuestro cerebro: “no queremos ser gente del siglo pasado, peor aun gente del pasado milenio”; nos revelamos contra la ceguera de siglos y milenios, y damos el paso definitivo hacia una nueva realidad, que recupere la dignidad humana. Porque si tenemos la sensatez y valentía de cambiar, ejerciendo esta vez un verdadero cambio (no con pininos ni proclamas de derechos universales que los poderosos nunca respetan, o protestas sangrientas que permiten ilusoriamente dar un paso adelante y dos atrás…), no sólo que lograremos mantener la vida sobre la Tierra, sino construir un Nuevo Mundo armónico, solidario y feliz… Algo proclamado desde siempre, pero escuchado por oídos sordos.

El cambio que necesita la humanidad de hoy, dicho según la fina ironía del gran Galeano, que a continuación resumimos, vislumbra un mundo indudablemente mejor y posible, donde:

El aire está limpio de todo veneno que nos venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el celular dejará ser el principal artefacto de comunicación y distracción e, inconscientemente, de sometimiento a las leyes del mercado y los bancos de datos de las fuerzas de seguridad y del crimen organizado; la gente trabajará para vivir en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar en vez de vivir para vivir… Los economistas ya no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los historiadores no crearán que a los países les encanta ser invadidos, ni los políticos que a los pobres les encanta comer promesas… La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos. Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión. Los niños de las calles no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos. La policía no será la maldición de quienes no pueden comprarla. La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse.

La Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de la Tabla de Moisés y dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios “amarás a la naturaleza de la que formas parte” y serán reforestados los desiertos del mundo y del alma. El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza. La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna, convertirán al canalla en virtuoso caballero. Seremos compatriotas y contemporáneos de todos quienes tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido…