SCHÍSMATA…

P. Milko René Torres Ordónez

La etimología de la palabra griega “schísmata” nos lleva a hablar de “divisiones”. Una lectura primaria del término puede llevarnos a malas interpretaciones o ironías, como la clásica “sal criolla”, hablando del proverbial “chisme” que, siendo tan común, se convierte en agente transmisor de discordia y ruptura de la vida comunitaria. En el mundo de san Pablo existen luchas internas caracterizadas por la ambición al poder, matizada por una crecida ignorancia y sumillada por una pobre vida espiritual.

Equivaldría a identificar los “partidos” que existirían entre los corintios. Las tendencias ideológicas subyacen más allá de un sentido proselitista o social. La diversidad de carismas en una comunidad es muy saludable, fuertemente enriquecedora. La unidad en la pluralidad, valiosa y necesaria, puede confundirse con el fin primordial de la evangelización de la naciente comunidad cristiana. Las concepciones teológicas mal aplicadas y entendidas suscitan rupturas, un germen negativo que acaba con la unidad eclesial. ¿Cómo recuperarla? Según Pablo la clave se encuentra en la “Teología de la Cruz”, hermosa e influyente: “¿Está dividido Cristo? ¿Fueron bautizados en nombre de Pablo? Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar el Evangelio. No con sabiduría de palabras”. El Apóstol nos ubica en un dilema: “ser o no ser”. La cuestión es valorar la practicidad y urgencia de la identidad cristocéntrica. San Pablo se encuentra indignado y preocupado. ¿Nosotros? Debemos responder esta pregunta desde la esencia que proviene del sacramento de vida, el bautismo, que imprime carácter. El Papa Francisco siente, en su yo muy eclesial, que la división entre los cristianos no está lejos de convertirse en un nuevo cisma, al cual hay que evitarlo para derrotarlo. Debemos “renovar nuestra confianza en la predicación, que se funda en la convicción de que es Dios quien quiere llegar a los demás a través del predicador y de que Él despliega su poder a través de la palabra humana”. La palabra de Jesús trasciende todo concepto humano o secularista. La llamada a la sinodalidad obedece a hacer eficaz el diagnóstico que demuestra que los cristianos nos hemos debilitado. ¿Llegamos al extremo de una muerte por inanición? El anuncio del Evangelio lleva a la consumación del Reino de Dios. La expresión “malkut”, reino en hebreo, difiere sobremanera de la vulgaridad de un sentido político. Es muy actual y supremamente real. Concreto. Jesús anuncia el tiempo nuevo al que ha inaugurado, según el Prólogo de san Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Por Él, con Él y en Él, vivimos la soberanía del amor de Dios. El reinado, “basileia”, acontece por la voluntad de quien sabemos que nos ama. Jesús, desde Galilea, pasó haciendo el bien. Para cristalizar su obediencia entregó su ser en plenitud. Su vida es el testamento más hermoso de una donación por amor hacia su pueblo. El cristianismo bombardea el universo con el anuncio radical de su “buena noticia”. Como hijos de la Iglesia no podemos adherirnos a cualquier movimiento, ad intra y ad extra, que gestione y propicie la división. Dios, padre nuestro, es uno y trino. La fraternidad es sinónimo de solidaridad. La “schísmata” no podrá escribir su propia crónica. Cristo reina y vive.