La infraestructura debería potenciar la educación y la salud

Leonardo Pacheco Arias

A veces es necesario hacer una pausa a nuestras actividades cotidianas y dedicar un momento a pensar y analizar si los actuales espacios donde vivimos, estudiamos, trabajamos, compartimos, recibimos asistencia médica, ejercitamos, entretenemos o divertimos fueron pensados para propiciar ambientes que contribuyan a una salud física y emocional, o únicamente se plantearon con la idea de que sólo funcionen o incluso de que solo sean un producto que sirva para la comercialización.

Si estamos, por ejemplo, dentro de un aula de clase, podríamos decir que esta pudo ser pensada como para mantener una concentración adecuada de CO2, o para que las corrientes de viento no arrastren malos olores a su interior, o para que exista un confort térmico, acústico o lumínico. Ya que en las prácticas actuales se mantiene un ambiente encerrado con escazas ventanas y esto provoca la concentración de virus y contaminantes que afectan la salud de niños, jóvenes o adultos que usan ese espacio.

Ello nos lleva a cuestionarnos; ¿por qué se sigue construyendo o diseñando el mismo modelo de aulas de hace más de cincuenta años?, ¿acaso el modelo y las metodologías de educación son las mismas?, ¿acaso la tecnología, la formación por competencias el desarrollo de habilidades blandas, la inclusión, la inteligencia emocional, e inclusive la pandemia de la COVID-19 no son factores que deberían tomarse en cuenta para replantear la ideas como construimos los salones de clases?

Es muy complejo entender que volvimos a la presencialidad con aulas repletas de estudiantes y que lo único diferente es portar una mascarilla, en el mejor de los casos. Quizá no somos conscientes de que el espacio que es para aprender tiene una relación directa con la forma como absorbemos conocimientos.

Otro ejemplo, clave son las unidades de salud que durante la pandemia albergaron muchos pacientes con sintomatología respiratoria, ¿cómo se adaptaron los espacios para éstos nuevos pacientes?, ¿existían zonas para los diferentes niveles de cargas virales?, ¿alguien fue consciente que la calidad de aire interior podría ser un factor decisivo entre la vida y la muerte?

Con estos dos ejemplos anteriores los responsables de estas infraestructuras: ¿al menos pensaron en que se puede mejorar?, ¿en que existe algo más allá de lo evidente?, ¿se involucraron en alguna capacitación que fortalezcan los vacíos en estas áreas?, ¿se crearon planes de mejoras?

Existen nuevos movimientos, filosofías o como se lo quieran llamar que contribuyen a mejorar como pensamos los espacios, es posible que la arquitectura sostenible, la biofilia o la eficiencia energética aporten con soluciones a los cuestionamientos antes mencionados y con soluciones válidas a las dificultades actuales, es importante la continua preparación en estos temas más aún si se es líder de cualquier organización que pueda influir en sus comunidades.