Galo Guerrero-Jiménez
Desde la escolaridad, e incluso desde la familia, se ha hecho demasiado énfasis en el valor de la lectura para que forme parte de la vida cotidiana, pero desde un mero funcionalismo, en vez de que los esfuerzos vayan encaminados al favorecimiento de un engranaje culturizador y, sobre todo, favorecedor del crecimiento humano del sujeto (Quintanal, 2005). Leer es básicamente formarse para la vida, no para identificarse con la clase de lengua o de literatura o de cualquier otra disciplina en la que el escolar solo lee para cumplir una tarea, o para hacerle caso al padre o madre de familia, cuando sin ninguna motivación previa le imponen al niño o joven una lectura cualquiera.
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