Campos Ortega Romero
Nuestro país celebrará elecciones adelantadas, el próximo 20 de agosto para elegir al presidente, vicepresidente y renovar la Asamblea Nacional. El pasado 18 de mayo, el presidente Guillermo Lasso, disolvió la Asamblea fundamentando una “grave crisis política” emanada del juicio político en su contra, acusando al Parlamento de querer desestabilizar al Gobierno, la democracia y el Estado. Por lo que solicitó que sea el Consejo Nacional Electoral el encargado de oficializar la convocatoria, y si es necesario una segunda vuelta de las presidenciales se realicen el 15 de octubre del presenta año.
Los ecuatorianos debemos elegir a quien ocupe el solio presidencial y la Vicepresidencia, además a los 137 asambleístas para terminar el periodo legislativo 2023-2025, recordando que el voto en nuestro país es obligatorio para los mayores de 18 años, y voluntario para los adolecentes de 16 y 17 años, los mayores de 65 años, los policías, militares, los ecuatorianos residentes en el exterior o los extranjeros que residan en el país al menos cinco años, así la realidad del momento de nuestra patria.
Entendemos que el poder no es igual a la razón, aunque con mucha frecuencia, se suele decir el poder de la razón. Desde el inicio de la vida, el hombre ha procurado buscar, ejercitar y abusar del poder, en el sentido de dominar a la naturaleza, a los animales inferiores y al mismo hombre. Este poder ha sido dictatorial, como resultado de su forma de pensar y en base puramente egoísta, venida desde la herencia, aunque su pretexto, para salir de apuros y compromisos, parezca necesario, evidente, y hasta demasiado real, que equivale a considerar a los demás como un grupo ingenuo, ignorante, sumiso o simplemente descuidado. Así se puede evidenciar, en el último informe a la nación por parte del presidente Guillermo Lasso.
El informe a la nación, nos establece como un país unitario, grande, donde impera la justicia social, como respuesta a la solución de los grandes problemas que nuestro país requiere para ello. Al igual que el anterior gobierno de Lenin Moreno Garcés, representantes de la derecha más recalcitrante, nos recuerda, las bellezas paradisíacas, sus recursos naturales y su potencial humano, pero no se señala que atravesamos una crisis y desintegración moral, social y aun física, constituyéndose en uno de los países exponentes mayores de la corrupción en el ámbito mundial lleno de contrastes escalofriantes.
Mientras el noventa y cinco por ciento de la población hace milagros por subsistir, el resto, es decir el cinco por ciento vive de la plata ajena y del sudor diario y febril de los demás, con un nivel que supera o por lo menos iguala al de los grandes jeques o magnates codeándose casi a diario con amigos y contertulios de la misma clase quienes controlan organismos internacionales centralizados y ramificados como en cadena, para imponer condiciones y actitudes inclementes y serviles para ejercer el don de la caridad que ellos suelen denominar “prestamos frescos”.
Ante la ingobernabilidad de un país, por la clase caduca política -llena de parálisis cerebral-cuestionada e incapaz; en la que la sociedad vive la ausencia total de valores, donde la confianza se ha perdido, vale señalar la sentencia de Confucio: “Si a un pueblo le quitan la confianza, queda extraviado y confundido”. Así parece ser el panorama actual, incierto donde todos los sectores reclaman lo agobiante de vivir arrinconados a recetas, que no logran armonizar las variables macro economías y los salarios congelados en desmedro de la paupérrima condición de vida, la especulación, y lo falaz en la política estatal es propio de falta de un programa de gobierno que vaya mejorando la calidad de vida.
Sabemos que la democracia no es solamente un fin, sino también un medio. En este sentido se debe extender la democracia representativa a todos los niveles de la actividad colectiva incluyendo el sector económico. La necesidad de la promoción de la democracia participativa o directa como incremento del control popular en los mismos sectores. No se trata solamente de la dimensión territorial, pueblos, barrios, aldeas, sino también de las empresas y de las administraciones.
Por ello debe ser que ya se ve candidatos (hombres y mujeres) a la presidencia y a asambleístas que se presentan como perfectos, llenos de virtudes que ellos mismos se atribuyen, pero difícilmente podríamos comprobar. Por aquello que la memoria es frágil es necesario recordar la sentencia popular: “alabanza en boca propia es vituperio”. Esto es algo que deberíamos tener en cuenta especialmente es esta etapa electoral de suma importancia para nuestro país, nuestro futuro, el futuro de nuestros hijos, y quizás al elegir logremos salvar nuestra conciencia votando no por el que dice ser el mejor sino por el menos malo. Lo cierto es que estas personas son hábiles en el engaño, al ofrecer el oro y el moro y deberemos ejercitar una suerte de investigación detectivesca de su real forma de ser para no caer en la trampa. Así sea.
