El poemario de Benjamín Santiago Armijos Valdivieso

La escritora argentina Liliana Bodoc dijo que: “(…) la poesía es una conjetura acerca de lo inefable. Un modo, quizás el único, de acercarse a las quimeras”. 

Por su parte, Jorge Luis Borges afirmó que: “la poesía es algo íntimo, algo tan esencial, que no puede ser definido sin diluirse porque sería como tratar de definir el color amarillo, el amor o la caída de las hojas en el otoño”. El mismo genio argentino, agregó: “Yo no sé cómo podemos definir las cosas esenciales. Se me ocurre que la única definición posible sería la de Platón, precisamente porque no es una definición, sino porque es un hecho poético. Cuando Platón se refiere a la poesía dice: (Esa cosa liviana, alada y sagrada). Eso, creo, puede definir en cierta forma a la poesía, ya que no la define de un modo rígido, sino que ofrece a la imaginación esa imagen de un ángel o de un pájaro”.

Por ello, cuando un poemario nace a la luz: la cultura se viste de gala, se engrandece, ensancha su horizonte, y el escenario de la vida se hace más pintoresco. Cuando se publica un libro de poesía se engalana la vida con ropajes que chisporrotean fogones de luz para aclarar el alma de quien la lee y de quien la escribe.

Eso es precisamente lo que sucedió en la tarde y noche del jueves 11 de mayo de 2023 en el Teatro Bolívar de Loja, con la presentación del poemario del bardo lojano: Benjamín Pinza Suárez, quien, con los poros abiertos a la sensibilidad del arte, y tocado por la magia de la palabra, compartió sus nobles intimidades convertidas en verso. Lo hizo con la precisión del relojero que mide el tiempo y la vida y como resultado de la experiencia acumulada en una vida limpia y entregada a las manifestaciones del espíritu, siempre con la bandera de la lojanidad y la familia por delante.

Conocí a Benjamín Pinza Suárez, hace algunos años, en una velada cultural organizada por la Academia Santa Cecilia, en la que tuve el gusto de escuchar sus trinos y poemas para exaltar a la mujer lojana. La verdad es que no fue difícil llegar a ser su amigo gracias a su alma generosa y abierta. Desde aquel día valoro y cuido su amistad y sigo de cerca todas sus expresiones culturales.

El poemario que entrega se deja leer y saborear como todo lo que está bien hecho, gracias a los condimentos de la pasión, de la sencillez y del amor a la vida.

En la primera parte de la obra, se agrupan poemas filosóficos y profundos que al más insensible le estruja el pecho, le exprime el alma y lo guía hacia el encuentra con la virtud.

En la segunda parte, el vate se atreve y aventura a navegar por los caprichosos océanos del amor y el desamor. Y lo logra con éxito por ser el resultado de quien aprendió el amor amando, sufriendo, cayendo y levantando.   

Transcribo un fragmento de uno de sus poemas: “Con este adiós se va llenando/esta copa de licor/que me hace daño/y sin embargo/ su sabor, endulza mi alma/y estremece el corazón. //Con este adiós/ Yo voy tejiendo/ Noche y día una canción/ Que tenga notas que/sacudan la razón/ y un estribillo que/ me cure este dolor. // Hoy ha llegado el momento/ del adiós/ Es el instante más sangrante/ entre los dos/ que rompe el pecho y desgarra/el corazón. //Que duele y hiere con crueldad/ a este amor/”.

En la última parte, el inspirado poeta, como fruto espontáneo del latir de su corazón, se propone ensalzar y contagiar lojanidad, a manera de sentimiento noble y sincero hacia la patria chica que lo vio nacer, que le dio padres, la esposa amada, los hijos y nietos (que le prolongan la existencia), los amigos, la música y la literatura. Por supuesto, lo logra con el entusiasmo de quien se identifica con algo para siempre y, ante todo.

Exteriorizo mi felicitación al doctor Benjamín Pinza Suárez por esta bien lograda obra poética que engrandece a la cultura lojana. Asimismo, hago votos para que siga adelante con sus creaciones artísticas y con ello honre aquella hermosa expresión acuñada por el gran Julio Cortázar al referirse a quienes se identifican y empujan el quehacer cultural: “echado a rodar la cultura por las calles como un carrito de frutas y frutillas”.