Más sobre la compra de los cargos de elección popular

César Correa

Esta es una segunda entrega para probar lo indecente que resulta el hecho de que el financiamiento de las campañas electorales corra a cargo de los candidatos, dando lugar a que en la práctica se compre los cargos más altos e importantes de la administración pública.

Generalmente se trata de guardar las apariencias y de mantener entre los ciudadanos la convicción de que son las virtudes cívicas las que entran en juego al momento de elegir presidente de la República, legisladores, prefectos, alcaldes, etc. No obstante, hubo en Loja un caso de reconocimiento expreso de que se había comprado la dignidad.

Un consejero provincial comenzó a apartarse de la línea política del movimiento por el cual fue elegido. El asunto tenía complicaciones colaterales que lo sacaron del ámbito interno y lo trastocaron en público, por lo que dicho ciudadano no pudo escapar a la prensa. Ante el cuestionamiento de un periodista sobre su conducta desleal, el consejero no tuvo más explicación que dar que la de exaltarse y declarar: «A mí me costó 20.000 dólares», dando a entender que era dueño del cargo y que podía hacer con el mismo lo que a él le fuere conveniente. No guardó para nada las apariencias y expuso a la luz pública lo indecoroso del procedimiento.

La compraventa ha derivado a veces en remate. En las décadas de los años 50 y 60 era de conocimiento general en la provincia de Loja que el partido político más fuerte les ponía precio a los puestos en las listas de elección popular. Tantos sucres por el primer puesto de candidato a diputado, tantos por el segundo, tanto por el primer puesto para consejero, tanto por el primer puesto para concejal. Una vez trascendió que el primer puesto para diputado costaba 400.000 sucres, que era una suma como si hoy habláramos de 4000.000 dólares. Uno de los dirigentes puso los billetes, ganó la elección y se fue a gozar del cargo que le permitiría no solo recuperar la inversión, sino obtener una utilidad. Así se explica que la mayoría de brillantes abogados que ha tenido Loja, que pudieron hacer valiosas contribuciones al desarrollo del Derecho nacional, ni a candidatos llegaron porque carecían de los denarios requeridos.

Hace exactamente 50 años, el 5 de junio de 1970, una lista de candidatos a diputados obtuvo un éxito inesperado, que le asignaba dos puestos. La campaña había dejado deudas y el candidato del segundo lugar, que no había aportado nada, en ese momento extendió un cheque por 4.500 sucres. La alegría que produjo la ruleta de las urnas duró 17 días, hasta el día 22, cuando Velasco Ibarra se declaró dictador y clausuró el Congreso. (O)