¡No con la educación, Presidente!

César Eduardo Briceño

Todos quienes han pretendido alguna dignidad popular, inclusive usted presidente, expresaron que todo le debían a la formación que recibieron de los maestros; sin embargo, después de la concupiscencia que representa el poder, pronto se olvidaron de donde vienen ya que sus acciones son lesivas que menoscaban la dignidad profesional de la más noble de las actividades humanas; la educación.

Durante los diez años que usted participa del gobierno-anteriormente como vicepresidente y actualmente como presidente -es lamentable, que desconozca cuál ha sido el sueldo paupérrimo de los profesores, que a pesar de ostentar títulos de tercer y cuarto nivel, con una inigualable productividad intelectual, vinieron percibiendo un sueldo congelado desde hace diez años; que ha perjudicado su condición humana y la de su familia, hasta sumirlos en la situación de deprimidos; a diferencia de lo que ocurrió con otros estamentos de la administración pública, militar o policial, que mediante escalas económicas mejoraron sus niveles de vida. ¡Con esa misma formación académica si tuvieran los ciudadanos del resto de las funciones del Estado, seguro que habría mayor eficiencia y respeto en el contexto internacional!

La decisión del gobierno con la complicidad política de los asambleístas, que no pueden estar más desprestigiados; con desatino adopta medidas deplorables en contra del sistema educativo del país; primeramente, no destinando el presupuesto que determina la Constitución de la República y más reprochable es, exigirles que laboren una hora menos con la reducción de un sueldo insostenible debido a la precariedad de las condiciones de existencia. Los maestros creen que hubiera sido preferible el descuento de los 30 dólares mensuales más/ menos por el lapso de nueve meses que los 150 dólares mensuales más/ menos, que en la actualidad se pretende despojarlos de sus escuálidos bolsillos. Es una reducción del 12.5% que es inconstitucional. La decisión que le han sugerido al mandatario es inequitativa porque no se involucran a las otras funciones del Estado. ¿Por qué los asambleístas no se pusieron en primera línea con su ejemplo de reducirse sus pingues salarios? Cuya actividad ha sido ineficaz. A diferencia del trabajo del magisterio que mediante sus labores telemáticos y de internet, han multiplicado exponencialmente sus actividades estresantes con sus alumnos, de lunes a domingo, a cualquier hora del día o de la noche; para satisfacer las inquietudes de los padres de familia y de los educandos, más de 12 horas diarias, con recursos propios de internet, computadora, teléfono celular; valores que afectan a su menguado salario; a tal punto de producirles el deterioro de su salud biológico y mental. Más todavía, se los presenta a la pandemia para que distribuyan alimentos escolares por caducarse, y tareas escolares externos del hogar sin prever las medidas de protección adecuada.

A los ecuatorianos les indigna que se les meta a sus pobres bolsillos para sacarles el dinero bien habido, mientras tanto, nada pasa con los que saquearon al país; con quienes perciben sueldos dorados de la administración; los malos empresarios multimillonarios que evaden pagar los impuestos; el abultado superávit de los bancos con intereses leoninos; con quienes tienen sus patrimonios en los paraísos fiscales para no pagar los impuestos en el país. ¿En dónde quedó la falacia gubernamental de que paguen los que más tienen y menos los que nada tienen?

Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a demandar los desaciertos de un gobernante de manera aislada; en su propio andarivel: transportistas, estudiantes, profesores, médicos, etc. Es un imperativo formar un frente común de lucha colectiva, de unirnos y organizarnos, con el propósito de elaborar una propuesta social coherente y humano; sin el proteccionismo de la partidocracia y de sus dirigentes seniles que son parte de la podredura de la nación. El gremio de los maestros debe protestar por este atentado a su integridad y recibir la solidaridad del colectivo social, como reconocimiento a la formación que tuvimos en los cenáculos del conocimiento y de la sabiduría social de nuestros ilustres maestros. ¡Alumnos ayer, amigos por siempre!