Ciclos de vida humana, gravitantes e impredecibles

Augusto Costa Zabaleta

En la metamorfosis genética social, consubstancialmente y en una dimensión de tiempo y espacio, como atributos substanciales, el ser humano desde su nacimiento, y en forma ascendente hasta su fallecimiento, con elocuente entereza y predisposición , a semejanza de sus ancestros, va concomitantemente evolucionando y asumiendo diferentes estados sociales costumbristas, que le impone e imprime en su mente, las corrientes del convivir comunitario, y del espacio genético del entrono humano, como influencia directa del medio ambiente.

El nacimiento de un ser humano, premisa mayor de un nuevo ser, constituye universalmente un acontecimiento de júbilo desbordante, de una inusitada felicidad, de augurios futuristas, de bendición familiar y de beneplácito hogareño; es un cúmulo de regocijo, porque entrañablemente ha fructificado el amor, y las raíces genéticas se han fortificado aun con más ahínco, todo transcurre en el regazo ardiente de su madre.

El tiempo corre inexorable y frenético, es entonces el infante arrullado con canciones angelicales a el rey o reina del hogar, portento de besos y caricias, mimos y ternura infinita, y ya más tarde los primeros pininos cual tierno gorrioncillo aprendiendo a bolar, con cuidados extremos; un poco más tarde se ha convertido ya en un niño, época feliz de la niñez, fuente cristalina de inocencia y candor, de curiosidades, preguntas y desvelos por memorizar el alfabeto y las cuatro operaciones básicas de matemática, de las primeras impresiones de la escolaridad , frágiles deseos de aprender, del cumplimiento, del compañerismo como un inicio y aliciente social. Como ya lo aseveramos, el tiempo, que es el único elemento al que no se lo puede parar, y al que muchas personas lo califican como ininteligible y abstracto, que es progresivo e inefable, cruel porque no perdona, exuberante y eterno, inmortal y fidedigno, testigo infalible de que ya nos convertimos en jóvenes, con todo el brío y la vitalidad, con los sueños imperecederos e inmarcesibles de triunfo y grandeza, con una elevación de espíritu y la mente, cultural y social, de sublimidad en las metas propuestas, y culminar gloriosamente, con éxito como un prestigioso profesional de elocuente servicio humano y entrañable solidaridad con los congéneres más necesitados, (Continuará).