Íntegros

Fernando Oñate-Valdivieso

Por definición, algo es íntegro cuando está completo o tiene todas sus partes intactas. Una persona se considera íntegra cuando permanece ajeno a toda corrupción, tiene una vida recta, honrada e intachable, tiene control emocional, respeto por sí mismo y por los demás, es honesto, responsable, disciplinado, directo, puntual, leal, pulcro y firme en sus acciones. La suma de estas cualidades hace que las personas íntegras sean confiables, respetuosas, solidarias, sinceras y leales.

Una nación con gente íntegra avanza, no se estanca. Una familia íntegra prospera y es bendecida por generaciones. Una empresa con trabajadores y empresarios íntegros crece, tiene clientes fieles y se transforma en un referente. Un político íntegro tendrá indiscutiblemente el apoyo popular. A pesar de que esto es evidente, apena comprobar que la integridad en una persona es poco común; y más aún, en una sociedad como la nuestra que casi se ha acostumbrado a vivir inmersa en una atmósfera de deshonestidad y corrupción. Hoy por hoy no es raro observar que, para alcanzar un propósito en lo político, económico o en el ámbito que fuere, la moral puede volverse “flexible”, lo “oculto” se vuelve aceptable y el fin llega a “justificar” los medios. Ante esto, el mismo Jesús se cuestionaba ¿de qué sirve ganar el mundo si al final pierden su alma?

Ante este panorama la pregunta es: ¿Qué estamos haciendo al respecto?. A nivel personal, ¿somos íntegros?, no me refiero a ser buenas personas, estoy hablando de todo lo que significa integridad. Individualmente, ¿lo somos?
El Salmo 119 nos dice que la integridad se alcanza viviendo conforme a la palabra del Señor; por ende, con Jesús en nuestras vidas podemos caminar hacia una integridad personal. Debemos cultivarla empezando con pequeños detalles, para luego tomar decisiones correctas en todos los ámbitos, priorizando lo que debemos hacer sobre lo que queremos hacer; poco a poco, la madurez en Cristo nos dará el crecimiento. No olvidemos que el Señor ama la justicia, recompensa grandemente a los que le siguen y fortalece a los que tienen un corazón íntegro.

Nuestro país necesita padres íntegros, esposos íntegros, hijos íntegros, empleados íntegros, empresarios íntegros, maestros íntegros, alumnos íntegros, políticos íntegros. El país no cambiará por sí solo. La opción, está en nosotros.