Cuán difícil combatir a las pandemias de coronavirus y la corrupción

Víctor Anguisaca

Nuestro país y el mundo en general, viene atravesando una de las crisis sanitarias más grande de todos los tiempos, y que aparece afectando a los diferentes niveles de la sociedad, mientras el mundo busca la forma adecuada de cómo combatir y eliminar a este huésped microscópico que, afectado a los seres humanos, sembrando miedo, pánico, estrés.

La Organización Mundial de la Salud expide protocolos para combatir esta pandemia, aspectos importantes que como seres humanos tenemos que aplicar y así evitar al máximo el riesgo de contagio.

Mientras todo esto se ha trasformado en la cotidianidad de la población, en nuestro país aparece otro virus con más fuerza y con mucha dificultad para combatirlo como es la corrupción política, que no es otra cosa que actos delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influencian a realizar un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales y de allegados, para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada. Esto es uno de graves problemas que siempre ha tenido nuestro país, no de ahora sino desde hace mucho tiempo atrás.

Los actos de corrupción realizados en este gobierno y aprovechándose de la situación de emergencia sanitaria que estamos atravesando como: adquisición de medicinas e insumos médicos dentro de los hospitales del IESS, compra de insumos sanitarios como fundas para cadáveres, mascarillas y trajes de bioseguridad a precios sobrevalorados de los vigentes en el mercado, así mismo obtención con sobreprecios de víveres que fueron entregados por el gobierno como kit de alimentos a los sectores más vulnerables y que la justicia poco o nada ha hecho para poder combatir o eliminar este mal hábito que tanto daño a hecho al pueblo ecuatoriano.

Este fenómeno llamado corrupción no es otra cosa que la crisis o carencia de valores que tienen o mantienen ciertos funcionarios de Estado y que tienen como afán el de influenciar o confundir a la sociedad, trastocando los valores reales de la ciudadanía y especialmente de la juventud, lamentablemente todos queremos soluciones a este problema, pero la verdadera realidad es que se encuentra enraizada en la gran mayoría del sector público. Quizá más adelante aparezcan hombres o personas con criterios diferenciados y con sabiduría, honestidad y trasparencia puedan discernir un cambio real del Estado donde se respeten el derecho de los seres humanos como también el derecho a cuidar y proteger de manera honesta los bienes financieros y públicos del Estado, eliminando el abuso de: autoridad, privilegios, patrocinios, sobornos, tráfico de influencia, fraudes, malversaciones, etc.