Adormecemos la conciencia

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

La sociedad del siglo 21 al parecer tiene adormecida la conciencia, pues aquello del “No Pasa Nada” va tomando cada vez más cuerpo en los actos diarios de cada uno, si no tenemos la conciencia adormecida por lo menos la amoldamos a nuestro antojo y conveniencia, por ejemplo, la clase política traiciona de manera descarada la confianza que su pueblo mediante el voto depositó en ella. Claro que no hay como generalizar porque aún quedan por ventaja honrosas excepciones que la prestigian, son pocas, pero quedan y eso nos permite abrigar esperanzas en una humanidad mejor.

Decía que a un nivel alarmantemente alto se intenta y a veces se logra justificar todo, sin normativa legal o moral que valga, en la actualidad casi todo está permitido, matrimonio entre personas de un mismo sexo, los gays besándose públicamente en plazas y calles de las ciudades a vista y paciencia de una niñez que tiene que observar esos a mi criterio muy personal, bochornosos espectáculos, que en su inocencia llegarán a pensar que son normales cuando no lo son. Respeto como el que más las preferencias sexuales de cada individuo, pero me opongo radicalmente a la exposición pública e impúdica de las mismas. Así es, hemos adormecido la conciencia que para mi concepto es la voz de Dios en nuestro interior, pero nosotros la acallamos hasta volverla muda, porque no nos conviene escucharla o la transformamos en una conciencia a la carta silenciosa cuando de nuestros intereses se trata, vociferante e implacable si se trata del interés ajeno, por eso este mundo en los albores del presente siglo conserva las taras humanas que ya debimos superar hace rato.

Pretendemos seguir lo que todos hacen porque está de moda ¿A quién le importa si tiene sentido o no? Solo para estar a tono con lo que hacen y dicen la mayoría, pero caemos peligrosamente en una inmensa vaguería mental que no nos permite ver e indagar lo que en realidad ocurre en nuestra comunidad más cercana, de eso que se ocupen otros. Ver noticieros o escucharlos se ha convertido en una experiencia estresante porque en lugar de fomentar lo positivo de las personas, es una ida y vuelta de insultos, acusaciones, con tal de mantener en vilo a la audiencia, ni hablar de los programas importados que son una apología de lo negativo de una comunidad dañada y loca, adormitamos la conciencia en todos los sentidos y si a alguien se le ocurre despertarla, nos estorba y lo ignoramos
Solo nos queda hacer votos para que de una vez por todas escuchemos a la voz que nos grita desde nuestro interior, clamando porque no solo aparentemos, sino que sinceramente busquemos un mundo donde no tengamos la conciencia adormecida y permitamos que despierta nos guíe con su luz por caminos transparentes de comprensión, amor y paz.

Entre tanto, sigamos de pie, en el puerto de la esperanza. Esperando que llegue un buque de dimensiones gigantes, que venga repleto y traiga justicia, optimismo y trabajo Para un pueblo que se muere de hambre, por tanto latrocinio y despilfarro, de personajes grises de mentalidad putrefacta, que ojalá sean señalados por el dedo acusatorio de sus víctimas, sin perdón, ni olvido, con todo el rigor de la ley sobre sus cabezas