Una proposición de amor

Sandra Beatriz Ludeña

Ciertamente, toda crisis trae oportunidades.  No obstante, hay quienes no logran verlas. Vivimos días dificultosos, con grandes pérdidas.  Se pierde dinero, se pierde empleos, se pierde empresas.  También hay gente perdiendo gente.  Muchos desesperados buscan qué hacer.  Mientras que otros no saben ¿cómo hacer?  Una proposición de amor es la solución.

Esta propuesta es para aspirantes como ejercitantes de las ventas.  Al parecer, ahora hay nuevas reglas del juego y debemos adaptarnos.  Dicen que de lejitos es mejor, por el contagio de la epidemia.  De lejos y por internet parece ser el camino.  Pero, soslayamos eso de “en línea”.  Creíamos que vender por internet, es estar en las redes sociales y coleccionar seguidores.  Nada más errado.

Las redes sociales nos facilitan la comunicación, pero solo eso.  Vender en línea es otro nivel.  En mis talleres de emprendimiento, aclaro que, ante cualquier oferta, siempre hay una pregunta del cliente: “Que hay aquí para mí?   Si respondemos con claridad, vendemos. 

¿Pero qué tiene que ver, vender con una proposición de amor?  Lo común es que nos conformamos con vender a secas: si producimos pan, vendemos pan a secas.  Si hacemos golosinas, vendemos golosinas a secas.  Si son helados, vendemos helados y así sucesivamente.  Pero, qué hay diferente de la competencia.  Solo venderemos más, si agregamos valor que ayude al cliente a estar mejor.

Mi receta, es hacer una proposición de amor.  Yo cuando quiero vender, me enfoco en ayudar, en servir, en dar amor.  Solo así logro crear una propuesta que agregue valor.  Hay ideas poderosas como: libertad, seguridad, poder, amistad, simpatía, popularidad, reconocimiento, entre otras.  De las que extraigo valor para mis productos.  Por decirlo así: puedo ofrecer más tiempo libre, más confianza, más influencia, más amigable, más aceptación, más prestigio, más fama, etc.

Explico con muestras: si en una heladería, deseo dar valor a los helados, extraigo valor de la idea amistad.  Entonces, creo algo que fortalezca lo “amigable”.  Qué tal una heladería, que por cada helado, dé cupones coleccionables, para canjearlos con entradas al cine y así los clientes creen lazos amigables.

Lo mismo el panificador, que apela a la “simpatía”, dibuja el nombre del cliente en los pastelillos y hace sentir más simpático al consumidor.  Y el que vende golosinas, da tarjetas que apelan a la amistad y el cliente elije destinatario; así queda bien con su ser querido.  Las ideas abundan para dar valor y crear conexión con el cliente.  Esto es ayudarlo a ser feliz.  Es la propuesta de valor la que da valor a la relación y nos hace diferentes.  Así, se afirma que es posible vender de lejitos con una proposición de amor.