‘La tregua’ de Benedetti

Santiago Armijos Valdivieso

Cuando se es joven y la vida se presenta como una larga obra de teatro en la que recién se abre el telón y en la que el ímpetu y el derroche invaden el escenario, no se tiene una real dimensión de lo raudo y veloz que transcurre la existencia. La cristalización de los planes del bachillerato, de la universidad, de la formación de una familia, de la vida laboral y productiva se los vislumbra como lejanísimos proyectos para los cuales existe todo el tiempo del mundo, gracias a las toneladas de vitalidad y alegría de la que se es dueño. Esto es así y así debe ser, gracias a las naturales reglas que, implacablemente, impone el ciclo vital del ser humano; muy similarmente a lo que sucede con los misterios del universo en los que los planetas, las estrellas, los sistemas y las galaxias: nacen, crecen, se expanden y se extinguen.

Justamente, cavilando en torno a esas reflexiones, llegó a mis ojos, el libro: La tregua, del fabuloso poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2010), para revelarme, a través de una extraordinaria novela de prosa fresca, deliciosamente digerible y con profundidad de ideas; una impactante historia que con facilidad se estampa en la memoria y en el alma. La narración se refiere a los escritos del protagonista de la obra: Martín Santomé, un montevideano de clase media y padre viudo de tres hijos adultos e individualistas, quien, a seis meses y veintiocho días de jubilarse en una empresa privada de venta de repuestos de vehículos que opera en Montevideo, escribe un diario en el que lleva el registro de las vicisitudes de su vida: la soledad, la tristeza, la viudez que marca su camino, la esquiva relación con sus hijos, los fantasmas del pasado y, por supuesto, los detalles y anhelos en su transición laboral a la jubilación.

La obra cobra mayor importancia y brinda profundas enseñanzas a quien la lee, en la medida que se desvela el tormentoso transitar de Martín Santomé; quien, siente que su vida se le ha ido como agua entre los dedos, a causa de las fauces de una sociedad devoradora que le ha carcomido sus años y lo ha confinado a sobrevivir en una existencia plana, monótona, gastada, intrascendente; en la que los prejuicios y las telarañas sociales impiden las experiencias que más se acercan a la felicidad.

Sin embargo, y en medio del inicio de su aventura jubilar, inundada por temores e inseguridades, descubre que aún hay tiempo para: corregir errores, calibrar la brújula, darse una tregua de felicidad con Laura Avellaneda -una extraordinaria mujer que llega a su vida-, aprovechar las siguientes etapas y afrontar dignamente el reto que impone su retiro profesional. Para ello, decide exprimir hasta la última gota de su existencia, haciendo lo que lo hace feliz: vivir con la libertad que brota de quien, sin perjudicar a los demás, se ha liberado de los prejuicios y del miedo a la muerte.

Leer esta novela de final impredecible en la que se describe la dureza de la vida, pero con treguas de felicidad que siempre existen, implica entender que siendo la vida efímera, debemos aprender a saborearla en sus distintas tonalidades, bajo el entendido de que importa muchísimo más la calidad de vida que el número de años vividos; por otro lado, nos enseña que la felicidad se la puede alcanzar cuando los seres humanos abrazamos, aceptamos y disfrutamos cada uno de los eslabones de los que está hecha la existencia: jugar en la niñez; aprender a conocernos, hacer amigos, enamorarnos y vivir despreocupados en la juventud; crecer espiritual y profesionalmente, trabajar, servir, viajar y filosofar en la adultez; y volver a vivir todas las etapas anteriores en la dorada vejez, pero con mayor libertad, hasta que sin saberlo, partamos con la satisfacción de haber existido, sin malgastar un solo día.

La pesadilla del coronavirus ha descolocado brutalmente nuestros planes de vida, y por ello, querámoslo o no, aceptémoslo o no, la reinvención existencial resulta una tarea necesaria e ineludible; justamente para ello, será muy útil darnos una “tregua” para leer el libro ‘La tregua’ de Mario Benedetti. Realmente, vale la pena. Si esto no es posible, al menos, los invito a disfrutar para regocijo del corazón esta perla escrita por el autor uruguayo: “/Mi táctica es mirarte/aprender como sos/quererte como sos./
Mi táctica es hablarte y escucharte/construir con palabras
un puente indestructible. /Mi táctica es quedarme en tu recuerdo/ no sé cómo ni sé con qué pretexto/ pero quedarme en vos. /Mi táctica es ser franco y saber que sos franca/ y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos. /Mi estrategia es/en cambio/ más profunda y más simple. Mi estrategia es/que un día cualquiera/ no sé cómo ni sé con qué pretexto/ por fin me necesites”.