Las nuevas venas abiertas de América Latina – V parte

Augusto Costa Zabaleta

Había llegado a Brasil y en general a toda América Latina, la tercera fase de la épica crisis del capitalismo globalizado, que comenzó en el sector financiero estadounidense en 2007-2008 y que cruzó el Atlántico en 2010, provocando la crisis del Euro; el tercer temblor del sismo, sacudía ya a las llamadas economías emergentes, productoras de materia prima; las venas abiertas se pusieron brevemente del revés, la maldición de los países ricos ahora bendecían a los más pobres; la extracción frenética del hierro aceleraba el agotamiento de la reserva amazónica; cuando se creía que duraría siglos.

Continuando con el saqueo de los metales: El Niobio, (que es un metal pulverulento de color gris que se asemeja al Tantalio y le acompaña en ciertos minerales, es un metal sumamente raro, tiene el número atómico 41, y el símbolo es CB).

Aquel encuentro con los últimos saqueadores de un sinfín a lo largo de los siglos, que aparecían desde el otro lado de la sierra de Roraima, ocurrió antes del histórico reconocimiento constitucional de los territorios indígenas de Macuxi, Wapixana, Ingariko, Taurepang, Patamona del Noreste del Amazonas, 2005; los indígenas recuperaron entonces el control de 1,7 millones de hectáreas de tierra conocidas como Raposa Serra do Sol (el mundo perdido), es un auténtico parque jurásico poblado por dinosaurios; Roraima es la montaña más alta de Brasil.

En este subsuelo yacían grandes depósitos de oro, diamantes, amatistas, bauxita, titanio, uranio, pero sobre todo niobio, que es un metal de extraordinaria dureza, que aleada con el acero, constituye un material imprescindible para la industria del automóvil, para las centrales de energía, los microcircuitos electrónicos y la industria aeroespacial, y que fundido con el acero a temperaturas superiores a 2500 grados, el niobio eleva en un 30% la dureza del acero, sin añadir ningún peso; en Brasil que posee más del 80% de las reservas mundiales, algunos consideraban el niobio como un tesoro nacional desaprovechado y que cuyos depósitos podrían ascender a veinte y dos billones (con B) de dólares, más que todo el presupuesto (PIB) de la superpotencia estadounidense, y diez veces más que el de Brasil; el niobio era uno de los treinta y cinco elementos considerados críticos para las necesidades de crecimiento de EE.UU.

Minerales como el niobio y la bauxita, enterrados en el subsuelo de Raposa Serra do Sol, empezaban a ser percibidos por mentes apocalípticas como reservas estratégicas para una nueva Guerra Fría; la inversión china había entrado de plano en Brasil y América Latina, ya era el primer socio comercial de Brasil.