La decencia social

Vicente Paúl Maldonado

La dignidad la defino como la cualidad de ser responsables y tener respeto hacia uno mismo y hacia los demás, no permitiendo que otras personas nos degraden. Esta virtud moral nos lleva a cuantiosas reflexiones sobre la naturaleza humana y los límites de la libertad y la amistad. Karina Quizhpe (2019)

El diccionario nos manifiesta que la decencia es una actitud de la persona que respeta y cumple con las normas de comportamiento social y moral reinantes en una determinada sociedad; es una actitud moderada y modesta de quien evita hablar bien de sí mismo o presumir ante los demás; es una acción digna, merecedora de respeto al obrar y expresarse. Uno de los mejores valores que la persona debe poseer es la decencia, valor que nos hace conscientes de la propia dignidad humana y, su abandono como guía para la vida puede suponer para la persona una transformación tanto en su personalidad como en su vida social. Faltar a la decencia produce que las relaciones interpersonales se tornen inestables y poco duraderas.

Los resultados de prosperidad y bienestar, implica alcanzar altos niveles de decencia en el comportamiento de la persona. La decencia no es incompatible con la exigencia del cumplimiento del deber ni con la defensa de los derechos y criterios de cada quien. Constituye en ambos casos un importante componente de la comunicación que favorece el diálogo y el entendimiento. Una sociedad decente es una sociedad no humillante. Es aquella que otorga a cada persona el honor que se merece. Sólo una sociedad que hace suyo el concepto de decencia puede asimilar la noción de respeto hacia sí misma. La decencia está al servicio de la dignidad humana. Sintetizando este concepto se llama decencia al aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona y en sentido más particular al acatamiento externo a las normas sociales de convivencia  y a las buenas costumbres, de la cual nace toda persona con dignidad y honor. No se está pidiendo decencia al hampón, al asesino a sueldo o al borracho irresponsable, sino a quienes gobiernan, hacen las leyes, informan, imparten justicia, educan o manejan los recursos públicos.

La decencia obliga a quien más dignidades públicas ocupan a tener mayor obligación por su propia dignidad. En lo político cuando sus líderes se degradan, la sociedad sufre un daño irreparable, porque se destruye la confianza en las instituciones y en las personas que las representan. Se equivocan quienes creen que la popularidad es lo mismo que la confianza. La violencia social y el deterioro del Estado se agudizan cuando los comportamientos indecentes y perversos de los dirigentes empiezan a ser imitados por sus seguidores, desgastando todos los cimientos de la ética y moral pública. Hablar de los valores que vienen de la base social, esto es, de personas que fueron olvidadas en el debate político y de las políticas públicas, de personas que viven una desigualdad silenciosa; personas humildes, jóvenes, trabajadores desempleados, funcionarios que perdieron su empleo al cambiar la dirección de la administración política, madres solteras, personas mayores, etc.

En la actualidad, no sabemos de dónde han salido los que hoy pretenden gobernar y liderar nuestro país. De qué familias proceden los políticos que forman parte de los escándalos de corrupción. Dónde aprendieron sus manías los grandes contratistas y financieros. Tampoco sabemos de dónde han salido todos los que roban, amenazan, calumnian, vociferan, insultan a diestra y siniestra sin consideración alguna por su propia dignidad ni por la de los demás. Se avecina el sufragio y considero que el sufragio debe de ser a favor del pueblo, debe de ser un voto de castigo a las políticas anteriores, pero sobre todo debe ser el voto de la base y clase social, aquí se sitúa hoy la crisis de lo político donde insiste en la urgencia de elaborar la noción de progreso analizando si éste nos hace más humanos o nos aleja de nuestra humanidad. En este sentido, es urgente separar la noción de progreso social y económico. Ello nos permitirá construir el futuro dibujando el camino para un posicionamiento político ético.