“…Pero cómo le cuento a mi gente…”

Elena Carrión

“Me estoy muriendo de frio
Con la bronca en la voz
Porque a esta puerta del rio
Le apuñalaron el sol…
…Pero cómo le cuento a mi gente, país
Lo que pasa en esta tierra
Ay país, país, país…
No soy de muchas palabras
Y hay muy poco que contar
Las cosas se cuentan solas país
Sólo hay que saber mirar…
Como contar lo que pasa
Con mi gente y su pobreza
Como cantar lo que pasa país
Con mi gente y su tristeza
Ay país, país, país…” (Piero)

Para poder descifrar lo que pasa en Ecuador “…solo hay que saber mirar…’’ aceptando sus diversidades y/o heterogeneidades. Ecuador en su contexto económico, social, laboral, cultural, político… es ininteligible, lo es mucho más que la mayoría de otros países.

Todos los países son heterogéneos en varios sentidos. No podemos dudar de ello. Lo que se trata de enfatizar es que en Ecuador las diversidades son evidentes y se da en variados espacios: climático, étnico, geográfico, orográfico… Me atrevo a decir que Ecuador es una América Latina en miniatura, con todos los climas, con distintas raíces étnicas y sus formas de mestizaje, en donde habitan diferentes nacionalidades, culturas indígenas, mestizas y negras, así mismo se han incorporado muchas generaciones de migrantes y se han dado fuertes identidades regionales, que con desacierto se están desaprovechando. Pero Ecuador no solo es una sumatoria de todos esos compendios; es en muchos sentidos una realidad con perfiles propios que se ha ido fraguando a partir de la interacción de aquellos.

Sin embargo, Ecuador es un escenario tangible y presente; con raíces, con una rica historia, con un sentido de identidad profundo, aunque a veces como ahora, sumido en la penumbra de una crisis en todos sus ámbitos. Este es el lado negativo de la diversidad, que nunca estará del todo compensada. No faltará quien susurre y diga que la afirmación de la diversidad es poco menos que una fraseología porque al fin y al cabo en todas partes del mundo está presente; y estamos tan habituados a ella, que en la vida cotidiana no nos percatamos de su dimensión; pero cuando nos fijamos superficialmente, percibimos nuestros fallos sociales: pobreza, desocupación, delincuencia, antivalores, racismo, regionalismo, intolerancia, insolidaridad, corrupción… pero esas conductas y actitudes no dan cuenta de la riqueza y de la diversidad, ya que son particularidades vulnerables de una realidad experimental y vivencial.

Es importante asumir, que en parte somos corresponsables de aquellos sensibles fallos sociales persistentes y presentes, que están causando retroceso en el desarrollo humano-social. Dejemos de ser testigos y actores silenciosos e indiferentes de la destrucción de la Pachamama, de la sociedad, de sectores de niñez y juventud, que lamentablemente no se les brinda la oportunidad para demostrar que son el potencial presente y futuro del cambio, desarrollo y crecimiento del país.

Es momento de exigir y reclamar con civismo y gallardía, toda la atención gubernamental para solucionar y erradicar de una vez por todas, los problemas y diferencias sociales presentes; y así poder entonar con sano orgullo aquel verso que muy sentidamente lo escribió Piero en el tema que hoy evoco con todo respeto
¡Hay país…!
“…Las cosas se cuentan solas país,
Solo hay que saber mirar…’’