Loja y sus dos siglos de independencia

Al igual de lo que sucede en el alma de muchos lojanos; todo lo que se relaciona con Loja, incluidos sus tropiezos y contrariedades, sus alegrías y sus éxitos, sus realizaciones y sus frustraciones; me afectan, me emocionan o me perturban, profundamente. No lo he buscado ni me lo he propuesto; simplemente lo siento como el resultado del espontáneo palpitar del corazón que se identifica natural y lealmente con el sitio donde conocí la vida, el alfabeto y la oración; y en el que se me ha prodigado abuelos, padre, madre, la mujer amada, los hijos, los hermanos, los maestros que iluminan, los compañeros de aula y los amigos sinceros de llantos y carcajadas.

De ahí que, intentando ser coherente con lo dicho, es justo saludar a Loja en su bicentenario de independencia y unirme al justo regocijo de mi pueblo; el cual, desde hace dos centurias, camina en los senderos de la libertad, forjada en el infatigable fuego del patriotismo que iluminó a gran parte de nuestra América.

Como homenaje a Loja y para entender cabalmente su historia; siempre será bueno regresar a la monumental obra: Historia de Loja y su provincia del gran Pío Jaramillo Alvarado que sobre la independencia lojana dice: “Realizada en Cuenca la rebelión contra el Gobierno Español el 3 de Noviembre de 1820, el jefe Civil y Militar, el doctor José María Vásquez de Noboa fue el que asumió el poder e invitó al Cabildo de Loja, para que también se adhiriese a la revolución que tuvo su origen en Guayaquil el 9 de octubre de este mismo año y que repercutió en Cuenca y en Loja” . “Mientras se cruzaban en el escabroso camino de Cuenca a Loja estas comunicaciones, el pueblo de esta ciudad se reunió en San Sebastián, parroquia urbana e irrumpió hacia la Plaza Mayor, proclamando la independencia de la Provincia de Loja, al saber lo que había acontecido en Cuenca. Esto ocurrió en la noche del 18 de Noviembre de 1820. El movimiento revolucionario popular fue encabezado por Ramón Pinto, José María Peña, Nicolás García, José Picoita y Manuel Zambrano. [ Frente a ello, el cabildo lojano realista ] ( … ) simuló respetar el movimiento popular, y logró conseguir que los dirigentes de éste, concurriesen al día siguiente con todos sus adherentes, a una reunión general en la Plaza Principal de la ciudad, para deliberar y tomar una resolución conjunta. En efecto, a las tres de la tarde del día 19 se efectuó la reunión en la Plaza Mayor de la ciudad, y el grupo independiente pudo entonces darse cuenta de que se había preparado una contramanifestación, de elementos adversos a las clases sociales antimonarquistas de la ciudad. Ante esta situación el elemento revolucionario se abstuvo de suscribir y reclamó que para proceder con imparcialidad lo primero que se debía hacer era destituir al Alcalde, por autoritario y monarquista. Pasados muchos debates, al fin se depositó la vara de la justicia en don José María Torres, Alcalde de segunda nominación, con aquiescencia general ( … )“. Con ello, la autoridad que representaba al lejano rey de España quedó desconocida y se dio paso al anhelo crepitante del pueblo: abrazar la independencia por siempre.

Han transcurrido doscientos años desde aquel trascendental y luminoso episodio histórico y seguimos bregando por consolidar una Loja más libre, solidaria y próspera; en la que todos sus hijos tengamos las mismas oportunidades para vivir con dignidad y respirar mejores días.

Superando innumerables dificultades, Loja ha logrado desarrollarse en lo social, en lo económico y en lo educativo; consolidándose como una provincia en marcha que, trabajando con ahínco en el presente, aspira a seguir creciendo en el futuro para un mejor porvenir de los suyos.

Aunque existen muchos problemas no solucionados; como el centralismo indolente que se aferra egoístamente para imponer el desequilibrio social y económico en la Nación; Loja reitera en el bicentenario de independencia su ecuatorianidad ferviente y ratifica su inquebrantable afán para estar del lado de las buenas causas universales del ser humano.

Nuestra Loja… tierra altiva que no se siente ni más ni menos que otro terruño, cuna de personas laboriosas que ganan el alimento diario con ardor y coraje, fértil aposento para que brotan las manifestaciones culturales, escenario de notables acontecimientos de la Patria y cobijo leal de quien la necesita; seguirá agrandándose y construyendo memorables historias, en la medida que el esfuerzo y sacrificio de sus hijos no desmaye nunca.

Viva Loja en sus dos siglos de gloriosa emancipación.