Vivir de pie

Juan Luna

Estar de pie es una actitud frente a la vida, es mirar con atención, es disponibilidad para avanzar con alegría y esperanza en la adversidad, es un estado anímico que permite ver nuevos horizontes y nuevas formas de vivir, es, como dice la frase de Jesús, en el Evangelio “ser astutos como la serpiente, pero mansos como una paloma”, que no es otra cosa, que tener una mirada vigilante, atenta, previsoria para distinguir entre el bien y el mal.

Estar de pie, también significa vivir con dignidad, con libertad, con responsabilidad, es desatar las cadenas de la opresión, la injusticia, es abrir para fomentar y promocionar verdaderos seres humanos distantes de las ataduras del egoísmo, de la envidia, “de la venganza que envenena y mata el alma”, repetía el inmortal chavo del 8; del arribismo que envilece. Estar de pie y vivir de pie luchando por un mundo bello en armonía y confraternidad.

Vivir de pie es la expresión de un profundo sentido revolucionario, de insubordinación e insurrección para emprender la lucha en función de ideales de justicia e igualdad. Es elevar el grado de heroicidad, del sacrificio en la batalla y pasa por ser una afirmación idealista e insurrecta que ilumina un compromiso férreo con los ideales y nobleza de espíritu.

Estar y vivir de pie en el orden espiritual es mantener viva la esperanza, traigo a colación las palabras del Papa Francisco: “La esperanza es una virtud que no se ve: trabaja desde abajo; nos hace ir y mirar desde abajo. No es fácil vivir en la esperanza, pero yo diría que debería ser el aire que respira un cristiano, el aire de la esperanza; de lo contrario, no podrá caminar, no podrá seguir adelante porque no sabe adónde ir. La esperanza –esto sí es verdad– nos da seguridad: la esperanza no defrauda. Jamás.  Si tú esperas, no te decepcionarás… (Octubre, 2019).

Próximos a vivir la fiesta de NAVIDAD, luego de un recorrido de 4 semanas de adviento, esperanza, y, de constatar dolor, sumisión, tristeza, problemas en la vida individual, familiar y colectiva; es preciso, dar un salto, no al vacío, sino de pie conservar y vivir la esperanza, respirar su aire, saborear sus obras, disfrutar sus logros diariamente. Con esperanza y de pie para ejercitar en acciones concretas la solidaridad que vence la soledad y solitariedad.

De pie para superar las lamentaciones, de pie para doblar la rodilla ante el Creador y Ordenador del mundo que inspira la esperanza que emana de la justicia y de la paz. De pie para inclinar la rodilla y con humildad invocar su perdón. De pie para enfrentar la inhumanidad de hombres y mujeres, que, embebidos por lo efímero del poder, quieren que les pidan perdón creyéndose todopoderosos y poseedores de la verdad calumnian, mienten y destruyen lo más sagrado que tiene una persona, su dignidad.

Es el momento, para, en la diversidad de criterios emprender de pie una férrea campaña de bienestar y buen vivir para la humanidad.