Dos fechas históricas inolvidables

Luis Pineda

La historia se ha malacostumbrado a mencionar a los denominados “personajes ilustres”. “gente de bien”, “héroes”, etc… Lo que es más, para algunos historiadores, son dignos de mencionarse los acontecimientos donde aparecen quienes tienen el poder económico y político… Las fechas históricas donde los protagonistas son las mujeres y hombres del pueblo, no son dignas de recordarse.

En estos meses se recuerdan dos fechas históricas que los ecuatorianos no podemos olvidar: la masacre de los trabajadores del ingenio azucarero Aztra y la matanza del 15 de noviembre en la ciudad de Guayaquil.

Aquella tarde del 18 de octubre de 1977, los trabajadores del Ingenio Azucarero Aztra merendaban tranquilamente, junto con sus mujeres y sus pequeños hijos, sin pensar siquiera lo que les iba a suceder minutos más tarde.

“La mañana del 18 de octubre de 1977, se tomaron las instalaciones del Ingenio miles de trabajadores, exigiendo el cumplimiento del contrato colectivo que estipulaba el pago del 20% del alza del precio del azúcar. La dictadura, congraciándose con los Noboa, los Valdez, los Ponce Luque, subió el quintal de 220 a 300 sucres.

Más de 2.000 trabajadores se habían tomado las instalaciones del ingenio Aztra para exigir el cumplimiento del contrato colectivo que estipulaba el pago del 20% del alza del precio del azúcar; pero al atardecer 100 policías fuertemente armados llegaron al sitio para cumplir con una orden de desalojo. Al mando estaba el mayor Eduardo Díaz Galarza, quien dio cinco minutos para que todos los zafreros se retiraran del lugar por una pequeña puerta del tamaño de un dormitorio, según resúmenes históricos. Cumplido ese tiempo empezó la masacre. Muchos cuerpos desaparecieron. Se cree que unos fueron llevados a los calderos del ingenio, otros lanzados al fondo del canal de riego.

A los 42 años de la masacre, los responsables, cómplices y encubridores se pasean impunemente por las calles, pensando que el tiempo borrará de la memoria del pueblo su horrendo crimen. “Algunos jefes policiales fueron ascendidos, los militares que gobernaron en la época ocuparon altos puestos en el gobierno, los jueces que absolvieron a los culpables no han sido sancionados. Para los trabajadores…olvido, para las responsables…perdón. ¿Hasta cuando?”

“La matanza del 15 de noviembre de 1922, se considera el primer baño de sangre del proletariado ecuatoriano, fue durante el gobierno liberal de José Luis Tamayo. Y fue el Ejército Nacional, con sus batallones Constitución, Zapadores del Chimborazo, Montúfar, Marañón, Artillería Sucre No. 2 y Cazadores de los Ríos, quienes dispararían sus fusiles brutales.

Después de este acontecimiento Joaquín Gallegos Lara (que tenía 13 años de edad en los días en que se produjo la matanza) traslada a las páginas de la novela a personajes históricos de la vida política del país. Por ello se considera que la pluma de Joaquín Gallegos Lara escribió un documento testimonial. Las cruces sobre el agua. Los responsables de la masacre nunca fueron sancionados, quedando los hechos en la impunidad. El Estado ecuatoriano nunca ha reconocido este crimen de Estado, ni pidió disculpas a las víctimas y sus familiares, el movimiento obrero ecuatoriano consideró el 15 de noviembre como fecha conmemorativa”.