¿Hemos aprendido la lección?

Numa P. Maldonado A.

Empiezo y termino la presente entrega con dos importantes frases del gran Alberto Einstein: “…La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y a países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quién supera la crisis, se supera a si mismo sin quedar ‘superado’”.

Palabras optimistas, sabias y esperanzadoras para un sufrido e inmaduro pueblo como el nuestro, en este crítico momento histórico, al que tantas voces, de diferente contenido y talante, en vez de orientarnos sanamente, nos confunden y llenan de mayor incertidumbre. Y atizan el fuego lento pero perdurable del odio y la desunión, y agravan el ambiente de inseguridad, impunidad y corrupción; y, por cierto, de hambre, malnutrición, desempleo y sufrimiento.

Ese, ¿“qué podrá pasar y pasarnos”? es una pregunta de difícil respuesta, condicionada eso sí, a la clarividencia que otorguemos a nuestro voto en los próximos eventos electores. Y a la transparencia que logre darle el postergado y desconfiable “Poder Electoral” a tan importantes eventos. En definitiva, depende de los resultados en las urnas.

Para iniciar una reflexión menos subjetiva sobre el tema, y en lo posible algo más optimista, partamos del mensaje orientador del respetado y respetable obispo de Guayaquil, monseñor Cabrera, quien en sus últimas prédicas dominicales llama a unirnos por el Bien del Ecuador, justo al iniciar el Pentecostés o «quincuagésimo» día después de la muerte de Jesucristo, cuando el espirito santo derramado sobre los apóstoles les entregó esa sabiduría y comprensión que llevan a la unidad y la Paz. Mensajes similares han esgrimido también mis vecinos de Columna en Crónica, P. Milko René Torres (El Mundo después del Pentecostés) y Juan Luna O. (No se puede gobernar desde el Odio) y muchos otros.

Dicho en otras palabras, en estos cruciales días después del Pentecostés, asumiendo que a la mayoría de ecuatorianos (as), “aprendiendo la dura lección”, se nos ilumina el entendimiento y votamos acertadamente, seguro que se abre un camino de esperanza para vislumbrar el futuro del país con mayor optimismo.

Votar acertadamente significa que las nuevas autoridades del Ejecutivo y Legislativo sean capaces de realizar bien al menos tres acciones prioritarias: 1) Plan de Seguridad contra el crimen organizado, la narcopolítica y la corrupción; 2) Plan para disminuir la desocupación con trabajo digno, y 3) Plan de salud integral contra la malnutrición y desnutrición crónica infantil. Y dejar sentadas las bases para una educación integral y de fortalecimiento del sistema democrático nacional. Incluidas reformas que solucionen definitivamente las torcidas normativas que permiten un Poder Electoral poco confiable y pseudo partidos políticos como producto de una Ley mañosa y perversa, concebida a propósito por la peor ralea de malos ecuatorianos.

Si como ciudadanos honestos algo hemos aprendido de los errores del pasado y actuamos con responsabilidad e independencia, alejados de consignas políticas perversas, y con la clarividencia que nos da la tenue pero luminosa llama de este casual Pentecostés, afirmemos con nuestro comportamiento en las urnas la elocuente sentencia de Einstein: “Somos arquitectos de nuestro propio destino”.