Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
La soledad es una de las situaciones más complicadas que enfrenta el ser humano, es un sendero que se vislumbra en dos senderos; el uno puede llevarnos a una fuente de gozo y descubrimiento, el otro, a un tormento que afectará tu salud y tu calidad de vida; se puede decir que en el primero de esos destinos sentirás plenitud, hallarás ideas nuevas y podrás disfrutar los momentos que allí pases, el segundo, en cambio es un sitio oscuro que te impide avanzar, lleno de incomodidades y situaciones de las que querrás escapar.
Se escucha hasta el cansancio la frase: “no es lo mismo estar solo qué sentirse solo”, puedes pensar que se trata de un lugar común pero estas palabras encierra una gran verdad debido a que la soledad es una condición interna; estar solo no solo depende, o siempre depende de nosotros puede ser el resultado de las acciones certeras o torcidas de otros; no podemos ignorar que la muerte, el exilio, las separaciones, las mudanzas o la independencia de los hijos nos alejan de quienes más amamos, son ese lado del sendero en el que despertamos sin que haya nadie a nuestro alrededor.
No solo el devenir de hechos esperados o fortuitos nos enfrenta a la ausencia de los otros; muchas veces son nuestras acciones las que nos condenan a una cárcel de silencio y vacío, la timidez, el desequilibrio en las expectativas, la incapacidad para expresar los sentimientos, la tiranía de los prejuicios, la limitación de aceptar nuestro cuerpo y nuestros talentos, el terror a la crítica, la ausencia del perdón, la decepción familiar o de pareja a la tolerancia del mal que nos rodea; rara vez hallan consuelo en sí mismo los que no pueden disfrutar la presencia del otro; cuando enfrentamos este tema, hay dos asuntos cuyas trampas debemos desarmar: el primero es el no saber qué hacer con nosotros mismos cómo disfrutar los momentos en los que podemos encontrarnos; el segundo es despachar esa negativa a recomponer vínculos afectivos.
Paradójicamente, en una época en la que vivimos más concentrados que nunca, la soledad ha devenido en un problema de salud pública, aunque los gobiernos aún no lo sepan; es que se habla poco de su relación con disfunciones cardiovasculares, las personas mayores que están más solas y que por eso se produce esta relación por los problemas de salud se registran en todas las edades y pueden ocurrir en la juventud.
Si tú y yo estamos vivos es porque los primeros miembros de nuestra especie desarrollaron habilidades avanzadas de socialización, lo que les permitió establecer conexiones poderosas entre ellos, son esas conexiones sociales las que nos hicieron herederos del planeta, y les debemos la supervivencia.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. #: 1100310455
