(Atrás un arcoíris de penas)
(1/2)
El tiempo rojo, el oeste de la carne centelleante se:
escurre como una gota de agua,
filtra por la gravedad del sumidero,
convierte el insomnio en una deuda,
subraya igual al anuncio de periódico.
El sueño azul, tramo de nubes, ¡tiniebla, total brillas!:
gira en el aire como una moneda,
muta como una adicción sin impase,
tira piedras a los árboles de la memoria,
gruta onírica de la luz en la oscuridad.
La lengua naranja, línea pálida, ¿silencio, terco atardecer?:
siembra una plantita de palabras,
abona sus raíces con lectores,
riega su tierra háblale de la pausa,
cosecha frutos antes que los roedores.
El río amarillo, como los filones de las montañas derrumbadas:
igual a los tachos de basura de la casa,
contaminación en nuestras mentes rosas,
incendios a causa de nuestras manos blandas,
retratos de: ¿por qué se deben cuidar las cosas?
(2/2)
Gris, la encrucijada de un tinto acromático
la perla festiva del camaleón
la excusa de la luminosidad
la secta despavorida de la psicodelia
la última persona en dormir apaga la luz
Camino verde y jíbaro ¡santos pecadores los patacones!:
a salvo los corazones que se alimentan del rancho
y como Don Amaro “nos hacemos” los dormidos
antes que a Tadeo los “párrocos” rezamos a Sancho
para las causas los apetitos y las utopías a los remolinos
Arena añil, del fuego el deseo, del hielo el afán:
desde muy pequeñas las moléculas juegan a resplandecer
hasta que un niño solo en la ventana las observa
su madre zurciendo la ropa en la máquina de coser
afuera estalla el universo, pero él nunca suelta su cometa
Violeta, canta: “Volver a los diecisiete, volver a ser de repente”
¿Cuánta ambición somos en otros labios?
“¿Cómo salir de esta triste cantina que es el alma?”
¿Cuántos pedazos somos entre más pedazos?
¿Escribir poesía es corregir nuestra infancia?
Hay bruma en mi corazón
(Atrás un arcoíris de penas)
(1/2)
El tiempo rojo, el oeste de la carne centelleante se:
escurre como una gota de agua,
filtra por la gravedad del sumidero,
convierte el insomnio en una deuda,
subraya igual al anuncio de periódico.
El sueño azul, tramo de nubes, ¡tiniebla, total brillas!:
gira en el aire como una moneda,
muta como una adicción sin impase,
tira piedras a los árboles de la memoria,
gruta onírica de la luz en la oscuridad.
La lengua naranja, línea pálida, ¿silencio, terco atardecer?:
siembra una plantita de palabras,
abona sus raíces con lectores,
riega su tierra háblale de la pausa,
cosecha frutos antes que los roedores.
El río amarillo, como los filones de las montañas derrumbadas:
igual a los tachos de basura de la casa,
contaminación en nuestras mentes rosas,
incendios a causa de nuestras manos blandas,
retratos de: ¿por qué se deben cuidar las cosas?
(2/2)
Gris, la encrucijada de un tinto acromático
la perla festiva del camaleón
la excusa de la luminosidad
la secta despavorida de la psicodelia
la última persona en dormir apaga la luz
Camino verde y jíbaro ¡santos pecadores los patacones!:
a salvo los corazones que se alimentan del rancho
y como Don Amaro “nos hacemos” los dormidos
antes que a Tadeo los “párrocos” rezamos a Sancho
para las causas los apetitos y las utopías a los remolinos
Arena añil, del fuego el deseo, del hielo el afán:
desde muy pequeñas las moléculas juegan a resplandecer
hasta que un niño solo en la ventana las observa
su madre zurciendo la ropa en la máquina de coser
afuera estalla el universo, pero él nunca suelta su cometa
Violeta, canta: “Volver a los diecisiete, volver a ser de repente”
¿Cuánta ambición somos en otros labios?
“¿Cómo salir de esta triste cantina que es el alma?”
¿Cuántos pedazos somos entre más pedazos?
¿Escribir poesía es corregir nuestra infancia?
