Por: Santiago Armijos Valdivieso
El sábado 10 de junio de 2023, el Colegio Fiscomisional “Daniel Álvarez Burneo” celebró seis décadas de existencia dedicadas a la educación de la juventud lojana. El emotivo momento contó con la espontánea y entusiasta participación de miles de exalumnos, quienes participaron de un colorido desfile por las principales calles céntricas de Loja, así como de actos de confraternidad, de cultura y de deportes. En la noche de esa fecha, los exestudiantes danielinos aceleraron su alegría y gratitud con un inolvidable evento musical en la Plaza de San Sebastián, en el que participó la conocida orquesta internacional: “Sonora Dinamita”. Muy justo, por supuesto, al tratarse de honrar y exteriorizar gratitud a una de las instituciones educativas de mayor trascendencia para Loja en las últimas décadas.
El génesis de tan prestigiosa institución educativa se remonta al 28 de julio de 1938, cuando el filántropo lojano, Daniel Álvarez Burneo, firmó testamento para distribuir su enorme patrimonio entre varios beneficiarios, pero disponiendo, en el apartado décimo quinto, lo siguiente: “dejo el remanente de bienes al Concejo Cantonal de Loja para que lo invierta en la fundación de uno o más establecimientos de beneficencia en favor del pueblo pobre urbano y rural. La determinación de los establecimientos que han de fundarse lo hará dicho Concejo de acuerdo con la Junta Administrativa del Hospicio Daniel Álvarez Sánchez, y ellos mismo formarán los estatutos y organizarán las juntas, como queda dicho (…). Desde aquella lejana fecha, muchos sucesos debieron acontecer para la consolidación y funcionamiento de lo que hoy es la Unidad Educativa Fiscomisional “Daniel Álvarez Burneo”.
Para entender la real dimensión de los esfuerzos que empujaron la existencia de la institución, felizmente llegó a mis manos, por generoso obsequio del Hermano Saturnino González Bajo, actual presidente de la Fundación Álvarez, digno rector del Colegio entre 1982 y 1990, y extraordinaria persona; dos valiosas obras redactadas por el Profesor Jaime Enrique Celi Correa con el apoyo de la Lcda. Yolanda Bayancela de Solano, ambos distinguidos docentes jubilados de dicha institución. La primera, publicada en 2021, titula: 50 años de presencia Marista en la ciudad de Loja; y, la segunda, publicada en 2022, llama: 78 años de la Fundación Álvarez: persistencia, sustentabilidad y proyección de una visión y de una misión filantrópicas.
Confieso que las leí con emoción y con lápiz y papel para tomar reveladoras notas de datos ligados a la hercúlea labor cumplida por la Comunidad Marista, con el Hermano Santiago Fernández García a la cabeza, a partir del año 1965; época de quiebre en la educación secundaria de Loja, en la que surgió el primer colegio privado gratuito con ribetes técnicos, humanistas y renovados, a tono con los pujantes vientos de modernización que soplaban en las orejas de la educación mundial.
Leer esos valiosos textos, en los que reposan hazañas, luchas, ilusiones, decepciones, logros y pruebas de que la bondad y generosidad existe; resultó para mí de especial interés, dado que entre 1983 y 1986 cursé los tres primeros años de secundaria en el Ciclo Básico Masculino del Instituto Técnico Superior “Daniel Álvarez Burneo”, en los que me beneficié de sus excelentes instalaciones de mecanografía, carpintería, mecánica industrial, agricultura y pecuaria; y, me nutrí de la enseñanza certera, ordenada y responsable de valiosos profesores, en cuyo rostro se plasmaba la vocación y la generosidad de espíritu. Recuerdo algunos nombres de ellos: Piedad Sotomayor de Paz, Jorge Jaramillo Jiménez, Blanca Gallardo Ayala, Rafael Saa Vásquez, Augusto Arciniegas, Arturo Yépez, Luis Medardo Samaniego, Odila Peralta, César Peralta, Manuel Peñaherrera, América Montesinos, Adolfo Ledesma, Blanca Arias, Juan Cevallos, Andrés Vallejo, Carlos Castillo, José Alejandro, Hernando Maita, José Morocho, Jorge Guarderas, Juan Maita, Víctor Hugo Guaricela y Plutarco Ortega (los tres últimos inspectores). No cursé los tres últimos años de secundaria en el Colegio Técnico porque no se impartía el bachillerato en la especialidad de ciencias sociales, requisito insalvable en los años ochenta para ingresar a estudiar jurisprudencia en la universidad.
De tantos datos que reposan en dichas obras, vale resaltar que la ejecución de la obra benéfica educativa de Daniel Álvarez Burneo no siempre estuvo a cargo de los hermanos Maristas, pues, entre 1944 y 1956, dicha responsabilidad estuvo en los hombros de religiosos Salesianos, liderados por el Padre Carlos Crespi. Ellos impulsaron la construcción del primer edificio del Colegio, pero no lograron ponerlo en funcionamiento. Esto debió esperar la llegada de los ejemplares hermanos Maristas en 1965 y así abrir las puertas de las aulas a la juventud lojana.
La historia del Colegio Técnico “Daniel Álvarez Burneo” forma parte esencial de Loja, y en honor a ello, es deber de todos los lojanos conocerla para, a partir de ahí, valorar lo que la educación de calidad significa para el desarrollo de los pueblos y ciudades.
Lo que un día fue un solidario y generoso sueño de un acaudalado lojano: hoy es una feliz realidad, plasmada, no solo en un colegio que funciona desde hace 60 años como un reloj de precisión calibrado y acariciado por los extraordinarios hermanos Maristas; sino en los miles de estudiantes que ahí se formaron y hoy son hombres y mujeres de bien, quienes, con prestancia y honestidad, atienden las necesidades de la sociedad desde diferentes trincheras profesionales y ocupaciones.
Como lo dijera Máximo Agustín Rodríguez: el filántropo Daniel Álvarez Burneo entendió y cumplió con su legado lo dicho por Broocks: “Nadie logra la verdadera grandeza, si no está más o menos convencido de que su vida le pertenece a la humanidad, y que, cuanto Dios le da, se lo da para sus semejantes”.
¡Gracias Colegio Técnico “Daniel Álvarez Burneo” por estos 60 años de impartir educación de calidad! ¡Aplausos a los hermanos Maristas por esculpir la educación de la juventud lojana con el pincel de la abnegación, la humildad, la acción y la excelencia!
