Cuentan que un piloto de un poderoso avión de combate se encontraba en maniobras de entrenamiento. El desempeño del avión era estupendo, alcanzaba gran velocidad y podía ascender, descender y maniobrar con gran precisión. Durante el vuelo, el piloto se percató de que un roedor de tamaño considerable mordisqueaba los cables y los instrumentos del avión empezaban a fallar. Intentó ahuyentarlo, pero el roedor solo cambiaba de lugar y continuaba con su tarea. Comprendiendo el peligro, el piloto optó por ascender a la mayor altura posible, matando al roedor por asfixia.
La experiencia me ha demostrado que la mejor estrategia en tiempos de tribulación es imitar al piloto de la historia. He subido muchas veces hasta lo más alto para entregar mis cargas en las manos de aquel que todo lo puede. He entendido el significado de aquella invitación bíblica: “acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos” (Hebreos 4) y he comprobado la veracidad de esas palabras.
Algunos quizá tendrán una opinión diferente basada en cuestionar la existencia del Creador, y ¿por que la cuestionarían? Pues quizá no encontraron las evidencias materiales que pudiesen saciar su búsqueda intelectual, ignorando quizá que el Señor no es medible ni cuantificable, Él se manifiesta de maneras muy distintas.
Otros que quizá miran al Señor de lejos preguntarán ¿donde está Dios? Pues Él se encuentra en todo tiempo y lugar. El Rey David declaraba: “Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú. Si cabalgo sobre las alas de la mañana, si habito junto a los océanos más lejanos, a un allí me guiará tu mano y me sostendrá tu fuerza” (Salmos 139). Su presencia puede encontrarse en cada rincón de su creación, en las vidas de aquellos que lo siguen y entre los que se reúnen para adorarlo.
Los que vivimos una relación con Él, buscamos continuamente su presencia para ser evidencia de que “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2).
Buscar a Dios implica poner nuestras mentes y nuestros corazones en Él, El Señor nos invita examinar su palabra y a considerar su obra en el mundo a través de su Hijo Jesucristo. Nos invita a acercarnos con confianza, dependencia y adoración y Él revelará más de sí mismo. Dios busca una relación con aquellos que no lo conocen aún. Él busca una unión más profunda con quienes sí lo conocen. Acérquese confiadamente, la bendición viene desde lo más alto.
