Fracaso de un modelo económico

Miguel Andrade Orellana

Hace tres años un grupo de neoliberales con mascarilla de progresistas, impuso al país un modelo de desarrollo económico basado en la dependencia del capital extranjero.Este “modelo” ha fracasado rotundamente, y ahora, con la imposición de draconianas medidas económicas por orden del Fondo Monetario Internacional se sacrifica a los trabajadores del campo y la ciudad, porque el gobierno, sin cumplir sus fingidas propuestas, ha depositado el peso de la crisis nacional sobre los hombros de los más pobres.

Los neoliberales a los que nos referimos, son un grupo de chacales disfrazados de líderes, como los llama con acierto Eduardo F. Naranjo. Estos señores, a lo largo de los años en los que la crisis económica ha estado agudizándose, lo único que han hecho es postrarse de rodillas ante los organismos internacionales y el imperialismo chino por más créditos, como única forma para conseguir recursos financieros. De ésta manera, el gobierno de los grandes empresarios ha detenido el estallido social en el país, contra la crisis económica ya inmanejable.

Como evidencia de lo antedicho, entre el 2012 y 2016 Rafael Correa duplicó la deuda externa con el pretexto de la caída del precio del petróleo y el incremento del gasto público. Actitudes de ésta naturaleza han determinado que las obligaciones económicas del Ecuador ascienden a más de 58.000 millones de dólares.

Los pueblos amigos se lamentan por el dogal de la deuda externa que asfixia al país, a lo que se suma la incapacidad de los gobernantes para resolver la corrupción, la abultada desocupación y el hambre. En cuanto al Estado cuestionado de obeso, los grandes empresarios olvidan que ha sido creado por ellos mismo, a su imagen y semejanza, para que les permita seguir acumulando capital y reprimir el pueblo cuando protesta.

Sólo un puñado de desleales con la patria, recordará al nefasto régimen de Lenin. La inmensa mayoría estamos dispuestos a seguir altivos ante la delicada situación que enfrenta el Ecuador, por la incapacidad, el entreguismo y la corrupción de quienes, en vez de garantizar la vida del pueblo, cumplen fielmente con los acreedores de la deuda externa.