“Un millón para la campaña y un millón para usted”

César Correa

Nacía una empresa electoral nacional, se aproximaban las elecciones de 1988, unos 10 “monos” aparentemente salidos del suburbio se instalaron en una oficina que alquilaron al señor Carlos Rojas Eras, junto a las que ocupaba la CEDOC, en la calle 18 de Noviembre, de la ciudad de Loja.

Pasados unos 15 días se acercaron a la CEDOC y nos dijeron que querían hablar con nosotros porque “vemos que tienen bastante gente”. Estaban en Loja para conformar una lista de candidatos a diputados y nos propusieron que uno de nosotros encabezara dicha lista. Dirigiéndose a quien suponían era el jefe uno de ellos dijo con la mayor naturalidad: “Le damos un millón para la campaña y un millón para usted”. Un millón de sucres, en tiempos de León Febres Cordero, podrían servir para comprar una casa.

La conversación no duró más, los “monos” recibieron una negativa rotunda y se retiraron. Los enviados por la empresa después lograron presentar una lista de candidatos, con ciudadanos que estaban en el anonimato y que sacaron una votación ínfima.

La empresa siguió actuando después en la provincia de Loja. A principios del siglo XXI, en unas elecciones seccionales consiguió candidatos ofreciendo 50.000 dólares para la campaña y 50.000 dólares para el bolsillo del que aceptaba postularse. La empresa quería tener alcaldes para que ayudaran en la campaña presidencial siguiente. Ganaron en un cantón.

Lo que falta saber es que ese procedimiento utilizado en todas las provincias, convertía al ciudadano ganador en propiedad privada de la empresa. ¡Pobre del que quisiera actuar independientemente! De esta manera la empresa logró tener su bloque de diputados, cuyos votos vendía por cifras millonarias.

Esto es lo que permite este sistema electoral en el cual el financiamiento de las campañas electorales corre a cargo de los candidatos. Lleva a los extremos de lo indecoroso, anulando todas las posibilidades de que la democracia se instale en la vida nacional.