Nueva visión

José Benigno Carrión M.

No cabe duda, que estamos viviendo tiempos difíciles, problemáticos, angustiosos. Nunca imaginamos que, de un momento a otro, países pequeños, como el nuestro, estarían encerrados en un círculo de esta naturaleza. Lo interesante que tal acontecimiento ha impulsado a la unidad de las naciones.

La Covid-19 causante de la pandemia, con su mensaje de terror y muerte, paradojalmente ha alejado a los estados en aquello de buscar tan solo el poder económico para seguir dominando y explotando a los pueblos pobres y menesterosos del planeta. Necesitamos aprender de este doloroso revés, ocasionado por tan nefasto virus, que viene asolando a la humanidad… No podemos echar en saco roto, un sacrificio de contornos mundiales, que no sabemos cómo saldremos librados. Por el momento tenemos resultados poco satisfactorios, que ojalá con el transcurrir del tiempo y con la ayuda de un Ser Supremo se nos devuelva la paz y tranquilidad que bien la merecemos. Las potencias en materia económica tendrán que aprender a jugar con cartas limpias. Es la hora de las grandes rectificaciones para vislumbrar un prometedor amanecer. Hay la necesidad de incursionar en una nueva filosofía, en una nueva visión del cosmos, libre de explotación y miseria. Este minúsculo y monstruoso virus, con sus maldades, nos ha dado a pensar que estamos equivocados de ruta. Que los mayores líderes de oriente y occidente no pueden seguir disputándose la suerte y el destino de los pueblos por intereses económicos. Bueno y gratificante sería que no se siga adorando al becerro de oro que tan graves y amargas consecuencias ha traído a los países pobres. Indudablemente aquello significa un renunciamiento de las naciones poderosas a sus grandes pretensiones económicas, decisión que, por cierto, no será nada fácil. Emprenderlo representa un sacrificio, una cesión muy grande de sus pretensiones para quienes se dicen ser los dueños y señores de este mundo, ancho y ajeno, que han sabido exprimirlo como si fuera una jugosa toronja. Pues, indudablemente, aquello constituye un sacrificio, en tanto representa abandonar las gangas y canonjías de ayer, que exige el cambio, para forjar una prometedora comunidad, donde la justicia sea una realidad y no una palabra vacía que se la lleva el viento…