Aprendizajes de vida

Juan Luna Rengel

Al haber permanecido noventa días confinados en vuestras casas, distantes del trabajo, de los estudios, de los negocios y emprendimientos; de las actividades recreativas y deportivas; de una relación social próxima que fue remplazada por un mayor contacto a través de las redes sociales; es necesario, luego de las decisiones públicas del cambio del color del semáforo me permito poner en su lectura aprendizajes manifestados y redescubiertos en este tiempo.

a.Valorar la vida como un verdadero don de Dios, del cual somos responsables de nuestros pensamientos y acciones y de nuestro ser, junto a ella lo frágiles y débiles que somos.

b.La familia, el seno del hogar ha recuperado su espacio, que poco a poco se iba perdiendo por el activismo económico y social del padre y la madre que dejaban a sus hijos solos y acompañados de un celular o un televisor.

c.Un renacer y redescubrimiento del ser hijos de Dios y portadores de una fe, que venía quebrantándose por la presencia de múltiples, complejas e incoherentes acciones de vida.

d.La bondad y solidaridad de cada ecuatoriano nuevamente ha sido probada con éxito y con ello, lejos del mundanal ruido de la politiquería vemos con esperanza que somos fuertes y que fraternos podremos alcanzar metas perdurables en la historia.

e.La maltratada naturaleza y ambiente desprotegida por las acciones de los seres humanos abrió sus brazos para proveernos de la alimentación necesaria y volver a acoger a infinidad de especies endémicas y nativas que se habían refugiado en otros hábitats.

f.Finalmente, encontrarme conmigo mismo (con mi Yo) que se busca y se encuentra en el silencio, en la reflexión y en el compartir sincero y alegre, sin la diatriba que mata la dignidad y la integridad de la persona.

Este es el momento histórico de nuestras vidas. Ya no mirar hacia atrás “al hombre viejo” que refiere San Pablo, sino al ser humano en su esencia que se vigoriza en su ser y que junto a la familia e inserto en la sociedad, en el mundo de la política, de la economía, de la cultura y de la religión abre nuevos horizontes de fraternización universal.

Buen viento y buena en esta búsqueda incesante de ser mejores humanos, que los aprendizajes de la vida sean nuestros maestros y recordemos “Lo que se oye se olvida, lo que se ve se recuerda, lo que se hace… se aprende”.