Nos damos un beso antes que el mundo se acabe

Campos Ortega Romero

El coronavirus está provocando un silencioso terremoto en el mundo del arte. La magnitud dependerá del tiempo que dure la crisis. Sabemos, sin duda, que el arte, a lo largo de la historia, ha sido relevante en momentos de tensión, y la situación actual parece un buen punto de partida para nuevas creaciones. Si bien, la priorización de la salud física y la cercanía a la muerte o a la enfermedad traen consigo complicaciones a la salud mental, es importante destacar que la reflexión artística al respecto funciona como una especie de calmante que figura como alimento del espíritu.

Así lo ha comprendido René Pérez Joglar, conocido como Residente, nació en San Juan, Puerto Rico, el 23 de febrero de 1978. Es cantante, compositor y productor musical y audiovisual. Inició su carrera como fundador y vocalista del grupo Calle 13 junto a su hermanastro Eduardo Cabra, apodado Visitante, y su hermana Ileana Mercedes Cabra Joglar. En el año 2015 dio inicio a su carrera como solista. Desde el punto de vista musical, ha destacado dentro del rubro de la música alternativa, gracias a su particular manera de combinar el rap con diferentes géneros musicales latinoamericanos, logrando un sello distintivo en la industria, ya como miembro de Calle 13, ya como solista. Hoy nos presenta su nueva canción sobre el amor en tiempos de coronavirus que llegó para modificar nuestro estilo de vida: “Antes que el mundo se acabe” canción que nos dará la esperanza que necesitamos. En sus versos señala: “No sé cuándo estará libre la pista, por ahora toca abrir las ventanas y llegar hasta donde nos lleve la vista. Cuándo saldremos de nuevo? Eso nadie lo sabe, mejor por ahora nos damos un beso antes que el mundo se acabe”. La canción hace una poderosa reflexión sobre el distanciamiento social y cómo esta “nueva realidad” nos afecta; al mismo tiempo que nos une a todos.

“Antes de que el mundo se acabe”, es una invitación para no volver a la normalidad para lograr que la realidad después de la pandemia sean diferentes a partir de un nuevo inicio. “Perdimos el centro, antes de volver afuera, hay que regresar adentro. Y que todo sea distinto, que la verdad nunca se rinda. Hasta las cosas lindas, deberían ser más lindas”, dice otra de las hermosas estrofas de la canción. Residente también plantea en la letra de ‘Antes de que el mundo se acabe’, la posibilidad de un final inminente al que también deberíamos de encontrarle belleza para llevar nuestros, posibles, “últimos días” con sabiduría.

Meditamos que si algo nos han enseñado todos estos meses de confinamiento es que el amor es algo que debe de demostrarse todo el tiempo, pues la vida es tan breve que en cualquier momento podemos dejar de existir. Es que el amor ha tenido que adaptarse a esta nueva etapa, mucho menos física y por ello mismo, mucho más emocional y profunda. El amor en los tiempos del Covid-19 se ha transformado, se ha vuelto invisible pero más poderoso. El amor en estos tiempos turbulentos ha venido acompañado de muchas otras emociones que habíamos olvidado: la compasión, la gratitud, la bondad, el altruismo. El amor ha mutado, se ha convertido en más profundo, más significativo, más amplio. Ya no se limita a nuestros seres queridos y amigos, ahora nuestro amor se extiende a toda la humanidad, a quienes estamos recluidos, a quienes atienden con todo el amor de su corazón a los enfermos, a aquellos que sostienen la mano de quien expira su último aliento, haciendo más sencilla su partida de este mundo. Como la canción: “Antes que el mundo se acabe” Así sea.