Con cemento y manguera del Municipio ganó la reelección

César Correa

No trasciende todo, porque son hechos prohibidos, sobre los cuales los autores desean mantener el secreto, pero en este sistema la compra de dignidades es muy frecuente. En el siglo pasado, en una elección muy reñida de alcalde del cantón Loja, ganó el candidato que la víspera repartió fundas de arroz en los barrios marginales de la ciudad.

En un cantón con 150.000 electores es muy improbable que se vuelva a repetir un triunfo gracias a la compra directa de los votos. En los demás cantones las probabilidades se multiplican. Se ha ganado alcaldías trayendo a votar a lojanos residentes en Huaquillas, previo el respectivo cambio de domicilio. Con 200 electores transportados en 5 buses, se ha conseguido el objetivo, con una “inversión” de unos 15.000 dólares. En marzo anterior, dos contendientes apostaron 800.000 dólares que el uno vencía al otro; ganó el que el sábado recorrió casas del área rural, pagando cien dólares por cada voto.

En los casos anteriores las operaciones se hicieron con dinero de los candidatos, pero la indecencia a veces adquiere dimensiones ciento por ciento delictivas, porque se hace con fondos públicos. En el presente siglo, en un cantón pequeño, un alcalde buscaba la reelección, a pesar de que entre los habitantes había notable descontento, que hacía presumir que perdería, pero no fue así porque la víspera fue dejando en cada casa del área rural un saco de cemento y un rollito de manguera, fue regalando materiales del Municipio.

El éxito de estas maniobras deshonestas, antidemocráticas, perjudiciales para el progreso de los pueblos, se debe también a la deshonestidad de los electores que aceptan el procedimiento. Y hay miles de ciudadanos que se rasgan las vestiduras porque a las instituciones públicas llegan pillos voraces a saquear, pero nunca hacen nada para evitarlo.

Esta es una vieja realidad. Carlos Vallejo, cuando era ministro de Agricultura en el gobierno de Hurtado, dijo “un político pobre es un pobre político”. Para él despertaba pena el ciudadano que se postulaba sin poseer una fortuna, lo dijo en una administración que hablaba febrilmente a favor de la participación popular. Un farsante que no podía ver, que no podía percibir, el mérito de centenares de miles de ecuatorianos pobres que a diario luchaban, sin recursos materiales, pero con gran patriotismo, por la transformación social. Para mejorar las cosas los sin dinero tenemos que ganar a los banqueros.