Y la vida sigue

Sandra Beatriz Ludeña

Positiva como siempre, la vida me parece una tarde de playa, con las olas del mar besando el alma primero, luego los pies. Y deseando que su salada agua le dé gusto a la vida. Esos dificultosos momentos por la propagación del virus mortal, nos han enseñado. Aquí hago la antítesis de la fatalidad de este tiempo.

Hay muchas voces, no siempre autorizadas por la experiencia que emiten sentencias como: “No hay forma de trabajar”, “Hay que reinventarse”, “Es tu última oportunidad”, “El mundo cambió para siempre”, “Es el fin”. Estas expresiones se repiten de una a otra boca, sin explicar por qué y generan miedo.

Sin embargo, a pesar de los vaticinios, si aplico filosofía, puedo encontrar respuestas. Así tengo estas preguntas para compartir: ¿Qué hacemos con esta nueva realidad? En torno a esta, concluyo que, a pesar de lo malo, el mundo no se acabó y eso es lo que cuenta.

Es cierto que el coronavirus ha puesto al mundo en aprietos, pero también es cierto que el virus si no te mata, te enseña. Algunos de los países donde azotó con gran intensidad como China, Italia, España y otros ya están saliendo del miedo, aunque el virus siga presente, reactivan actividades. Esto significa que no es el fin.

Entonces, se me ocurre otra pregunta: ¿Cómo vuelvo a darle ritmo a mis labores? Tomando prevenciones. Las actividades son las mismas, pero ahora con ciertas características especiales, que ayuden al otro a estar sano y feliz. Hay gente que dice, pero eso es difícil. Yo contesto: no, cuando nos acostumbramos. La costumbre es la mejor manera de adaptarse y la capacidad del ser humano para aprender es ilimitada.
A propósito, aquí traigo un recuerdo: de niña, me gustaba observar a las hormigas, en alguna ocasión decidí bloquearle el camino a una de estas, para ver la reacción. Este animalito, si cien veces le interpuse un obstáculo por delante para evitar que avance, cien veces buscó otro camino y no fue vencida. Porque la vida sigue.

Es lógico que experimentemos temor, sobre todo, si las circunstancia ponen en riesgo lo construido. Lo difícil es soltar eso construido, lo fácil es rediseñarlo. Pensando sesudamente, hay que hacer un esfuerzo para rediseñar las cosas. No para matarlas.

Hay dos opciones: pierdes todo o lo rediseñas de acuerdo a las nuevas circunstancias.
Esto es contrario a la fatalidad de pensar que por el virus estoy quebrando. No es cierto, no hay mucho que ver, entre el virus que afectó la salud de la población, con que no seamos capaces de ver las necesidades de la gente, aprovechar circunstancias y comunicarnos con los necesitados. Saber comunicar y hacerse visible es la clave. No es lo mismo escondido que vistoso. Busco inspiración en la naturaleza mientras, la vida sigue.