El cambio empezó

Juan Luna Rengel

Es casi una premisa, que el cambio, producto del COVID-19 trastocó nuestro confort, en el que los días venían y se iban, sin dejar huella ni historia para contar, peor para transformar un modelo de vida caracterizado por el “descarte” que habla el Papa Francisco y que nos sumía con fuerza en el relativismo y el debilitamiento de principios y valores.

Salir de la zona de confort es el pre anuncio de que el cambio iniciado será por siempre. Este cambio afecta a todos los ámbitos de la política, la economía, la fe, las costumbres y tradiciones culturales, en nuestro caso y muy profundamente, al de la educación. Y cuando me refiero al cambio en la educación, es al paso de una educación tradicional centrada en el docente, en la presencialidad y en los contenidos, a una muy distinta, centrada en el estudiante, en la distancia, en el buen uso y aplicación de las TIC, en actividades colaborativas, en la reflexión y construcción de nuevos aprendizajes.

En esta transición de la educación presencial a la educación remota (on line) se presentarán fortalezas y debilidades institucionales y del docente. No es fácil abandonar una propuesta formalizada durante décadas y más aún desestructurarnos mental y actitudinalmente. La resistencia al cambio es visible, más, sin embargo, si el COVID 19 va a convivir por largo tiempo, como dicen los expertos, hay que enrumbar la educación a nuevas propuestas reflejadas en acciones de verdadera mística y vocación de servicio docente.

El proverbio chino dice: “Cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros, otros, molinos”. Es la hora y el ahora de construir molinos. Con todas las fortalezas que docentes, estudiantes poseemos emprendamos ese cambio que nos ha llegado de manera abrupta, para generar un proceso educativo de calidad, y que contribuya a tener una sociedad más desarrollada, con mayor calidad de vida, mucho más justa, solidaria y honesta.

Sintámonos orgullosos de ser parte de este proceso histórico y que tiene efectos e impactos presentes y futuros. Estemos dispuestos a aprender a desaprender, a aprender a aprender y a ser testigos y actores privilegiados de primera fila de un proceso que es una ventana de oportunidad para ser mejores personas y ciudadanos, con actitud proactiva, de responsabilidad, confianza, valentía, innovación, motivación, paciencia, planificación, colaboración y mucho arte. Sí, mucho arte, el de enseñar y aprender.