Antivacunas y pandemia

Fredy Paredes Cuenca

El sentido común es un elemento indispensable para todos los individuos en las actividades cotidianas, en la toma de decisiones trascendente o menos importantes, porque de él depende la conducta, comportamiento o actitud que tomemos en el quehacer común y corriente.

La percepción de lo evidente, parece ser una manera de asegurarnos, para actuar con mayor seguridad ante una incertidumbre de, no saber que hacer ante algo que nos puede afectar transitoria o definitivamente.

Las vacunas usadas por siglos han demostrado su utilidad de diferentes maneras como la erradicación de enfermedades en algunos casos mortales como la poliomielitis, neumonías, etc; sin embargo, existen aún personas que no están convencidas de aquello. En tiempo más reciente hemos visto, de forma cierta, que después de la vacuna la pandemia del covid-19 ha llegado a demostrarse una mortalidad de 0% en poblaciones en las que hubo hasta de 11% de enfermos en relación a la población general y una mortalidad mayor al 20% del grupo de personas afectadas con esta enfermedad cuya severidad aumentada tuvieron necesidad de cuidado intensivo.

Mantenernos con cautela y hacer uso de herramientas que nos pueden proteger y ayudar, no se enmarca tan solo en el sentido común, sino es una cuestión de supervivencia. Muchas personas optaron por usar sustancias, de cuyo uso se carecía evidencia alguna o evidencia comprobada a largo plazo, algo hasta cierto punto aceptable, cuando no se disponía de elementos como las vacunas en primera instancia.

La evidencia empírica actual nos muestra que las vacunas ayudan significativamente, esta evidencia va desde una alta mortalidad antes de las vacunas, a cero mortalidad después de estas. Está claro, que carecemos de evidencias de su uso a largo plazo, sin embargo, es contundente su resultado.

Por otra parte, existen grupos de personas que se abstienen de considerar hacer uso de esta herramienta de supervivencia, teniendo como preferencia sustancias de las que se desconoce la dosis exacta, la frecuencia de su uso, ni existe resultados concluyentes, simplemente son sustancias coadyuvantes de la buena salud, pero no son específicas como mecanismo de defensa para un agente específico. El sentido común, entonces, nos dicta apegarnos a lo evidente, de la que depende incluso nuestra supervivencia como lo he dicho antes.

En este contexto, entre la elección individual de escoger algo, que por sentido común lo usaría y el negarme a hacerlo, se plantea un dilema ético, en la que las necesidades individuales pueden hacerse comunitarias, en la que el derecho individual interfiere con la libertad o el bienestar de los demás, el dilema es que a pesar de considerar no usar algo como las vacunas puede afectar a nuestro entorno, se adquiere una deuda con el bienestar de nuestros semejantes que puede afectar también a los que han tomado esta decisión alterna.

La razón humana que la ética nos dicta nos debe mostrar el bien mayor para todos, la preservación de la vida, objetivo que se abstiene de ser algo individual, es más bien, un deber colectivo, un deber de todos.