Otra oportunidad

Sandra Beatriz Ludeña

En cada instante, minuto, hora y día, se esconde la esperanza. Estamos consumiendo diciembre y damos por descontado que tendremos en el próximo año, otra oportunidad.

Nada de pactos de resistencia. He dicho vida o felicidad —es lo mismo—. Claro, la dicha pareciera imaginaria, pero los combates cotidianos por conseguirla son reales, como el sufrimiento. Hoy quiero confesar, no obstante, mi realismo, que no me permite indulgencia, no escondo la esperanza de otra oportunidad.

Vendrán días mejores, —porque así lo siento—, la oportunidad de realización, que es deseo y es corazón. Y hay que aprovechar esa emoción fuerte, que nos impulsará a conseguirlo. Pero, no tengo que esperar nada, sino hacer del instante nuevo la otra oportunidad. Porque cada éxito es un largo circuito de sucesos precedentes.

Poca gente toma conciencia, los fines como los inicios de año están poblados de deseos, de prosperidad, amor, alegrías, pero, nadie dice cómo hacer para que pasen de simples calenturas de temporada a hechos palpables. Tanta gente pasa por la vida repitiendo buenos deseos año tras año, y culminan su historia sin ser conscientes de lo fantasioso que eso resulta, como tampoco, prevén cuál será su destino, sino cuando llegan al fin.

Lo cierto es, que se vive sin sentido de vivir. He visto en esta Navidad, gente, mucha gente comprando chucherías para regalarse, pero no los he visto queriéndose. He visto gente, toda la gente que se pueda imaginar, confundiendo Navidad con vaciedad, y el Cristo que nace, nos impele “Anda a tu hogar y vive”; son pocos domando la tarea.

ulio Cortázar al respecto nos dice en ´Después de las fiestas´: “Y cuando todo el mundo se iba/ y nos quedábamos los dos/ entre vasos vacíos y ceniceros sucios, / qué hermoso era saber que estabas/ ahí como un remanso/ sola conmigo al borde de la noche/ y que durabas, eras más que el tiempo”. /
La otra oportunidad es un sentido real de vivir y su encanto, como continua Cortázar, en los versos que cito: “Eras lo que no se iba/ porque una misma almohada/ y una misma tibieza/ iba a llamarnos otra vez/ a despertar al nuevo día, / juntos, riendo, despeinados.” /

Claro, en el ancho mundo hay circunstancias diferentes, mas, es posible, siempre es posible, buscar la otra oportunidad, desde el sentir. Porque aunque el tiempo cruje y amenaza contra nuestros días, hay que reconocer, que la ironía de la vida tiene nuestro rostro y lleva en sus manos la voluntad de cada uno.

Por eso, en estos instantes del fin y principio de año, ya no son un signo de deseo acumulado, sino todo lo contrario, es tiempo de realización. La emoción que se cocina en el corazón, es capaz de mover montañas, abrir mares, todo es posible si aprendemos a transformar esa energía en realidad.