Un mundo de paz y armonía donde gobierne el amor y la amistad 

Campos Ortega Romero

Consideramos que el 14 de febrero, no sólo es una celebración simbólica de lo que representa el amor y la amistad  en las relaciones humanas a nivel sociológico, sino una manera de entendernos como una entidad colectiva que necesita de determinantes emocionales como el apego, el afecto y el romance para poder cumplir uno de los niveles de realización personal que nos brinda identidad y satisfacción, camino y puente  que nos conduzca a soñar con un mundo lleno de paz y armonía donde gobierne el amor y la amistad del nuevo día, que nos guie a la consecución de seres humanos humanizados para el mejoramiento integral, para forjar nuestro futuro con nuestras propias manos y sueños, para reconocernos nosotros mismos.

Reconocernos a nosotros mismos implica, desaprender lo aprendido, como nuestras percepciones, creencias y temores que constituyen cadenas y aduanas que no nos permiten seguir adelante y realizarnos como personas, en definitiva inventariar nuestra cultura de miedos y de temores ocultos, que no son otra cosa que imaginarios que nos pueden  frenar como si fueran paredes de concreto a nuestro alrededor, si no comprendemos así las situaciones, de hecho estas paredes imaginarias son así de peligrosas justamente porque ni siquiera somos conscientes de que no existen y que nos están frenando, como bien lo señala Bohan,  para rescatar al hombre y mujer de nuestro tiempo es necesario decirles que sí podemos que todos y cada uno de nosotros somos importantes para convertirnos en seres críticos y reflexivos. 

La infraestructura que no nos permite crecer se llama temor, sí temor a equivocarnos ante los demás; y lo más grave es que el temor se constituye en un freno efectivo que impide dar rienda suelta a la creatividad natural, es mejor no hacer nada antes que equivocarse. Consideramos que no se equivocan los que no hacen nada, los que no han nacido y los muertos, nos equivocamos siempre los que pretendemos y queremos hacer algo, los que nos atrevemos a pensar, y que aun equivocándonos aprendemos cada día para crecer como personas. William Bohan señala: La única manera de superar ese temor al parecer tonto es tomar una decisión consciente, como: “valoro mi mejoramiento y mi crecimiento personal tanto, que el precio que estoy dispuesto a pagar es mucho, mucho mayor que el temor a parecer tonto”. Creemos que es hora de reemplazar las culturas basadas en el temor por culturas que consideren al amor como fuerza creadora y de integración. 

Humberto Maturana acusa que: “La biología del amor es la dinámica relacional que da origen a lo humano en el devenir de nuestro linaje. Implica evocar las condiciones sistemáticas de constitución  evolutiva y ontogénica de lo humano, por esto la biología del amor no es una opinión más, es una revelación de los procesos biológicos que nos constituye como la clase se seres que somos y que podríamos dejar de ser”  y más adelante señala “El amor es una emoción, un modo de convivir, una clase de conducta relacionales entre seres vivos, es la emoción que constituye y conserva la convivencia social”

Reflexionamos, que el amor es tratar a la otra persona como nos gustaría que nos traten a nosotros, como entes sociales, simple y llanamente como personas, con deberes que cumplir y derechos que exigir, para que crezca la autoestima y con ello la autorrealización del crecimiento personal. Amando somos capaces de fabricar esperanzas para la casa de nuestros días. Porque el amor es nuestra savia, su pérdida pone en crisis los cimientos de la existencia mientras se quedan sin verdad nuestras antiguas creencias. El amor es una fuerza misteriosa, como la canción que decía: “nació la mañana, como si fuese la primera mañana. Te quiero y nada espero”. Que el amor viva en los corazones de todos los seres humanos que poblamos la tierra, no importa de qué país, raza o credo pertenezcan. Así sea.